24 de junio de 2013 / 12:35 a.m.

Monterrey.- • Segovia, como lo conoce todo mundo, sabe que tiene una hora de entrada a trabajar, más no de salida e, incluso, sabe que puede no volver a ver a su esposa e hijos.

Él ha decidido en lugar de portar capa y máscara ser un héroe con casco y arnés, buscando salvar vidas y otorgar esperanza montado en una Ram 4x4.

"Desde hace 25 años decidí ser rescatista", comenta mientras carga la caja de la camioneta de Protección Civil Monterrey con dos sacos de material absorbente, dos extintores, una mochila con diversos arneses de rescate de montaña, una pala y pico, una mochila más pequeña que la anterior con cuerdas, e incluso una motosierra, "uno sabe que viene a trabajar y que será pesado, pero quienes realmente tienen vocación son los que se quedan, permanecen y terminan aquí".

Este 24 de junio es el Día del Paramédico y Rescatista, hombres y mujeres que van más allá que los héroes de las películas hollywoodenses del verano, que con superpoderes ayudan a la ciudadanía.

"Nosotros no tenemos ese beneficio, pero algo de lo más gratificante es cuando te encuentras con alguien que has rescatado, le salvas la vida y, aunque quizá ya no lo recuerdas, ellos a ti sí, porque les marcas la vida y eso es algo gratificante", menciona.

Los sacrificios son muchos; desde no dormir en casa, no descansar bien y tener que comer cuando no hay hambre, pues se desconoce el momento en que hay oportunidad de ingerir alimentos, hasta el pasar fechas especiales como cumpleaños, aniversarios y Navidad fuera del hogar.

Aun así, Segovia menciona que salvar la vida de un semejante es algo que no se cambia por nada y que beneficia mucho más cuando la familia comprende esta labor.

"Recuerdo una vez que entramos a una tienda de conveniencia y un niño de 10 años se acercó, me abrazó y me agradeció haberle salvado la vida. Yo en realidad no lo recordaba y fue su papá quien se me acercó y me lo agradeció; pues ese pequeño había estado atrapado durante un choque cuatro años antes y tuvo que ser liberado con las pinzas de la vida. De no ser por los paramédicos y rescatistas, quizá ese niño no estaría entre nosotros y, aunque nosotros quizá no los recordemos por tantos servicios que hemos brindado, ellos sí nos recuerdan y es la mayor satisfacción", relata.

Y es precisamente por ello que dan su vida, para que el resto de la población tenga una oportunidad de recuperar lo que pudiera ser su último aliento.

Por eso, piden a la ciudadanía evitar las llamadas de broma, pues los servicios que responden son atendidos en el menor tiempo posible, arriesgando vidas tanto del personal de la dependencia como de terceros que pueden sufrir percances durante el traslado.

Ser paramédico o rescatista no es sencillo, trabajar 24 horas y descansar 48 puede sonar atractivo, sin embargo, eso es tan solo el primer sacrificio de estos héroes urbanos.

ISRAEL SANTACRUZ