IRAM OVIEDO
14 de mayo de 2013 / 01:36 a.m.

Monterrey.- • El deseo de Carlos Alberto Grimaldo Hernández era dejar de una vez por todas el taxi que rentaba, ante el riesgo que implica un trabajo de esos.

Tenía un año y medio laborando, pero consiguió una entrevista de trabajo para este lunes y gustoso acudiría a una empresa donde recibiría sus bonos, sueldo semanal, en fin, muchas prestaciones.

Pero el sábado no llegó a casa de su madre. El vivía en la colonia Paseo de las Flores, en Apodaca.

Dieron las nueve, once de la noche y su esposa, Marina Tovar Pacheco, se preocupó. Tomó en brazos a su hijo Carlos Santiago; "algo malo le pasó", dijo a su suegra Juana Hernández Vázquez.

Nunca llegaba tarde a casa, no tomaba, no fumaba, por eso la joven madre pensó lo peor.

Y sí, conforme pasaron las horas, se enteró de que su esposo había fallecido en un accidente automovilístico en la carretera Agua Fría-Zuazua, en el municipio de Apodaca, junto a cinco integrantes de una familia.

"Mi gordo", así le decía de cariño Marina a su marido, quien salió a trabajar, ella le dio su bendición y él le mencionó que de rato le marcaba al teléfono.

La pareja tiene un niño de cuatro años, de nombre Carlos Santiago, quien pregunta por su padre al notar su ausencia.

La madre del trabajador del volante, doña Juana, explicó que su hijo siempre fue una persona excelente.

"Mi hijo era lo máximo, sin vicios, su hijo y su esposa siempre fueron todo para él", comentó.

La familia de Carlos Alberto no ha recibido el apoyo de ninguna autoridad, toda vez que adeuda la cantidad de 22 mil 146 pesos a la funeraria de Sindicatos Independientes.

Muchos sueños se truncaron para el joven taxista, quien no tuvo la culpa en el percance, pero que se fue junto con una familia que levantó para darles el servicio en la colonia Pueblo Nuevo, pero hoy descansa en paz y desde allá cuida de su esposa y el pequeño "Carlitos".