1 de marzo de 2013 / 02:39 a.m.

Monterrey.- Lo guardias suizos, serios como siempre, eran testigos de la historia.

En el amurallado helipuerto del Vaticano, Benedicto XVI iniciaría su último viaje por el cielo como jerarca máximo de la Iglesia Católica.

En un poderoso helicóptero del gobierno de Italia, comenzaban los preparativos para emprender el traslado pontificio hacia la Residencia de Castel Gandolfo, donde en calidad de Papa Hemérito, Josep Ratzinger se entregaría a la oracion.

Mientras tanto, una discreta multitud esperaba noticias en la Plaza de San Pedro, frente a la Gran Basílica.

Las turbinas del helicóptero se encendieron y las campanas de todas las iglesias comenzaron a repicar para despedir al aún Santo Padre.

A las cinco de la tarde con cinco minutos iniciaba el despegue. Lentamente, la aeronave comenzaba a desprenderse de la plataforma ubicada muy cerca de la residencia pontificia, en el corazón de los jardines vaticanos, a espalda de la Basílica de San Pedro.

En diversos puntos de Roma fueron extendidos letreros de despedida, que decía "gracias".

Una tarde soleada, brumosa, enmarcó aquel vuelo sobre aquellos paraísos del Renacimiento. La aeronave pasó a un lado de la Cúpula de la Basilica de San Pedro. Y emprendió un recorrido sobre los paisajes más característicos de la Roma Antigua, entre ellos el Coliseo Romano, sobre cuyas majestuosas ruinas realizó un vuelo a baja altura.

El viaje continuó sobre esa extraña armonía arquitectónica romana, donde se combinaban lo mismo esplendorosas construcciones medievales, con modernos edificios.

Una atmósfera parda parecía querer borrar los impresionantes verdes de los bosques italianos.

Mientras tanto, a orillas del Lago Albano, en Castel Gandolfo, el comite de recepcion esperaba ya a su ilustre huésped. En este lugar, residencia de verano pontificia desde el Siglo XVII, permanecerá, en voluntario enclaustramiento, el Papa emérito, en constante oración. Tras un vuelo de 24 minutos A las 5 con 29 de la tarde, tras recorrer 19 kilómetros, la aeronave se posó suavemente en el helipuerto, al pie de los monumentales castillos donde Jospe Ratzinger permanecerá, como lo dijo antes de partir: "Ya no seré Papa, ahora sólo seré un peregrino que inicia la etapa final de su peregrinaje".

Joel Sampayo Climaco, Reportero del Aire...