30 de noviembre de 2013 / 02:28 p.m.

Monterrey.- El mundo está cada vez más inquieto y mientras son recibidos, con mayor frecuencia, los reportes de acontecimientos naturales que no ocurrían en determinadas zonas, la Ciudad de Monterrey, considerada a salvo de temblores de tierra, ha tenido que enfrentar una oleada de sismos cada vez más cercanos, cada vez más perceptibles.

Y con el despegue meteórico de rascacielos en la zona metropolitana, habrá quién pregunte: están los nuevos edificios preparados para resistir una sacudida sísmica.

Basta con echar un vistazo a la zona urbana de Monterrey opara descubrir un perfil cada vez más elevado, con torres de departamentos, de corporativos, de centros comerciales, que superan con facilidad los cien metros de altura y algunos de ellos son erigidos en zonas montañosas con atecedentes de problemas.

En lo que va del 2013, al medio medio centenar de eventos telúricos de poca intensidad han sido detectadas por las redes establecidas por el Servicio Sismológico Nacional en el área de los municipios de Los Ramones, General Terán, Montemorelos, Linares y China, la mayoría de ellos imperceptibles para los humanos.

La mayoría de las sacudidas han sido reportadas en torno a la Presa El Cuchillo, la más extensa fuente a cielo abierto de agua potable para Monterrey, ubicada en China, municipio rural a 100 kilómetros al oriente de Monterrey.

Sin embargo, la madrugada del martes del 26 de noviembre y la noche del viernes 29 han ocurrido eventos considerados ya dentro del rango de moderados que han disparado las alertas de residentes de diversos sectores inclusive de Monterrey.

El nerviosismo del piso ha hecho que muchos fijen la vista no sólo a las construcciuones verticales, sino a algunas fincas, prácticamente suspendidas en el aire y que son sostenidas por pilotes o columnas de hasta 40 metros de altura, sobre todo en zonas montañosas con historial de problemas, como el área de San Jerónimo, la sierra de Chipinque y el Cerro El Mirador, donde aun son recordadas situaciones diversas, como deslaves o francos derrumbes.

El Cerro de la Silla ha tenido una manifestación reciente de inestabilidad. Hace cuatroaños, un desprendimiento de cientos de toneladas de rocas a unos doscientos metros de la colonia San Ángel, hizo que los vecinos de ese sector salieran asustados de sus casas al percibir una fuerte vibración.

Urge pues una revisión a los reglamentos de construcción. ¿Verdaderamente los gigantescos torreones que crecen como hongos podrían resistir los movimientos de un suelo cada vez más inestable?

Crónica de Joel Sampayo