7 de abril de 2013 / 04:45 p.m.

Ciudad de México • Sin importar las diferencias entre las organizaciones civiles o la opinión de algún renombrado activista, para el ciudadano de a pie el Memorial de Víctimas de la Violencia cumple su objetivo: recordar, reflexionar y buscar la unidad.

Un día después de su apertura al público, familias, grupos de amigos y paseantes en solitario decidieron hacer un recorrido por los muros de acero oxidado ubicados a un costado del Campo Marte.

En sus primeras horas, el memorial no recibió más de 12 visitantes al mismo tiempo.

Salvador Martínez, de casi 50 años, observa detalladamente a su esposa, quien apunta cada uno de las frases grabadas en los bloques de acero. Con la voz entrecortada, afirma que todo lo que ve es muy fuerte, y recuerda la frase de José Saramago que leyó minutos antes: “cómo es posible que podemos enviar máquinas a Marte y no podemos detener asesinatos”.

Dice que los mexicanos estamos “a merced de la delincuencia organizada y parece que el pueblo está totalmente desarmado, porque es poco lo que hacen las autoridades. Ojalá algún día se logre hacer algo”.

Magdalena Velázquez decide no permanecer indiferente ante el sentimiento que le ha generado estar en el lugar y empieza a escribir.

“Maravilloso recordatorio de que cuando un hombre levanta la mano, puede ser fácilmente atravesado por una bala, pero cuando mil lo hacen, ni mil balas pueden detenerlos. ¡Unidos México!”.

Lejos de la polémica por la forma en cómo tenía que ser el memorial, a los ojos de los visitantes no hizo falta ver el nombre de las víctimas, la sensación que provoca en la mayoría es el mismo: tristeza por lo ocurrido, solidaridad con quien perdió un ser querido, y el deseo de justicia y unidad entre todos.

También hubo quien llegó con un punto de vista más crítico, Israel López aseguró que se trató de un buen proyecto al que le faltó ser más incluyente.

 LILIANA SOSA