14 de diciembre de 2013 / 12:51 a.m.

Monterrey.- El rezo interrumpido para atender a una vecina, le costó caro a Celestina Antonio Francisco. El breve momento en que abandonó el cuarto, fue suficiente para que una corriente de aire tumbara la veladora e incendiara una buena parte del cuarto.

Alcanzaron a apagarla, pero se le quemó el órgano que con tanto sacrificio le había comprado a su hijo Eliseo , y un dinero que había pedido prestado para pagar parte de las curaciones del mismo muchacho.

Le ha ido mal a la familia, últimamente.

“Es que terminamos el rosario, y yo deje la veladora prendida, para ir a despedir a una vecina, y cuando volvi estaba todo quemado”, narra la mujer en su mal español.

Alcanzaron a apagar las llamas, pero el fuego ya había consumido ropa, algunos muebles, y 4 mil pesos que tenía guardados ahí, pues los había pedido prestados.

“Se quemó el dinero, se quemó la ropa, el piano del muchacho, ahora no tenemos nada”.

La historia de la familia parece digna de una tragedia griega. Hace siete años llegaron a Monterrey, buscando trabajo, pero su marido, Gregorio Hernández Antonio sólo ha podido tener trabajo como ayudante de albañil. Gana poco, y aparte le rebajan 500 pesos por semana, porque su patrón le prestó 27 mil pesos para la operación urgente de su hijo Eliseo. Como no le dan Seguro Social, ahora está endeudado.

Ahora, se les quema el cuarto de la casa rentada donde viven, en la colonia Canteras, donde tenían poco de valor.

Pero en realidad, era todo lo de valor que tenían.

Francisco Zúñiga