13 de junio de 2013 / 11:48 a.m.

Monterrey • El reloj marcaba las 22:15, un cielo nublado y relámpagos se divisaban en el cielo, el cual anunciaba la llegada de una tormenta.

Usuarios del transporte Metrorrey arribaban a la estación Talleres ubicada en la zona norte de Monterrey para dirigirse a su destino, después de realizar sus actividades cotidianas.

Una mujer portando su bolso en mano caminaba por la acera del parque Aztlán de la calle Esquisto hacia el norte, se le veía un poco nerviosa ya que en ese tramo son muy comunes los asaltos a transeúntes, quienes no les queda otra más que encomendarse a los santos.

Detrás de ella, un joven que ahora se sabe se llama Luis Fernando, de 17 años, con cabello a rape y vestido con un pantalón camuflado y playera blanca con estampados negros seguía sus pasos y cada vez se acercaba más.

De pronto aceleró el paso y ya estando a su lado, le arrebató la bolsa en color blanco a la dama, quien estuvo a punto de caer al piso por el forcejeo.

Ante la mirada de varias personas que caminaban hacia sus casas, el presunto ladrón no se achicó, hasta ese momento había logrado su cometido.

Al lograr dicha acción, emprendió la huída por la calle Mixcoatl de la colonia Provileón; la mujer con el llanto en el rostro trato de seguirlo, aunado con un grito de desesperación: “"me robó, ayúdenme; mi bolsa se la llevó, ¡ratero, ratero!"”.

Algunos vecinos escucharon los gritos y de pronto vieron que pasaba el presunto ladrón a toda velocidad, tratando de llegar a su destino con las pertenencias ajenas.

Un grupo de vecinos se armó de valor y lo siguió, mientras que la mujer agotada y asustada por lo ocurrido se rendía en el intento por recuperar su bolso.

“"Ese fue, ayúdenme, me lo quitó, me fue siguiendo hasta que me quitó la bolsa"”, argumentaba la dama a unas personas que la trataban de tranquilizar.

El ladrón corría y uno de los vecinos a mitad de cuadra le dio alcance y lo tiró al piso. El sujeto trató de sacar un arma blanca de la bolsa del pantalón, pero le fue imposible, ya que se unieron más personas; era un linchamiento anunciado.

Enfurecidos lo comenzaron a golpear con palos, puñetazos, patadas y objetos que se encontraban a su alrededor, mientras que el hombre trataba de amortiguar los golpes cubriéndose el rostro, en posición fetal.

“"Esto es para que se te quite de andar robando cabrón, ya estamos hartos"”, le gritaba un vecino y al mismo tiempo le daba de golpes.

“"Para qué le quitaste la bolsa a la señora, con está chinga se te van a quitar las ganas de robar por aquí"”, expresó otra persona enfurecida.

Luego de recibir una completa paliza por un lapso de 10 minutos, el presunto ladrón quedo inmóvil en medio del asfalto, mientras que los vecinos después de desatar su furia y mostrar de esa manera su impotencia por los constantes robos y asaltos en el sector, se retiraron.

El cuerpo del presunto ratero estaba inerte, además del rostro bañado en sangre y la lluvia que comenzó a caer a plomo, mientras que vecinos al ver que un hombre estaba tirado en el pavimento lo comenzaron a rodear.

“"Háblenle a la ambulancia, decía una mujer, mientras que otra respondió, que ahí se quede, eso le pasa por andar de rata"”.

Boca abajo permanecía el sujeto ya completamente mojado por la tormenta que estaba en su punto, mientras que los vecinos haciéndola de tránsito desviaban los vehículos para que no fuera atropellado.

Una vecina se apiado de él y lo cubrió con una toalla y un plástico para protegerlo de la lluvia.

Minutos después llegó la ambulancia custodiada por una unidad de la Fuerza Civil.

“¿Fue una riña?” preguntó un policía… “No oficial, le robó la bolsa a una señora y por ‘rata’ lo golpearon”, respondió una mujer.

El hombre no podía responder a las preguntas que le hacían los policías, ni paramédicos, sólo emitía lamentos.

Después de ser inmovilizado por los paramédicos fue subido a una ambulancia y llevado a un hospital.

Golpeado, con severas heridas, mojado y sin haber logrado su objetivo, así terminó la ‘jornada laboral’ para el presunto ladrón que se fue con las manos vacías.

REDACCIÓN