10 de marzo de 2013 / 04:28 p.m.

Desde barres, antros y hoteles de paso que se han situado en la zona, el centro de la capital del Estado ha perdido su tradición y color que lo caracterizaba.

 Monterrey.- • Monterrey perdió otra de las avenidas tradicionales, Zaragoza que en su tramo de Colón a Washington, cuenta con ocho hoteles de paso, siete antros y tres cantinas.

A dos cuadras del Palacio de Gobierno, sede del Ejecutivo del Estado, operan un hotel, un antro y una cantina.

Al realizar un recorrido sobre el lugar a todo lo largo de noche y de día, en donde prolifera el vicio y la prostitución que en la madrugada se ofrece en la vía pública.

Hay cuadras en las que se encuentran dos hoteles, que se disputan la clientela ofreciendo tarifas más baratas.

"Dos personas por 100 pesos", dice un anuncio en uno de esos lugares que son ocupados por horas.

Los comerciantes establecidos en los alrededores lamentan que les haya llegado la invasión de antros y lugares de giro equivocado como en Villagrán.

Uno de ellos señaló que aún sigue conservando la clientela, pero a muchas familias les molesta ver estos escenarios de perdición, entrar y salir parejas de los hoteles a toda hora del día, por ejemplo.

Mientras que otra que opera un comercio en esta arteria,, cuenta que sus amigas y clientela en general, se quejan porque son muchos los problemas que tienen para recorrer esa avenida.

Alejandro Cantú Chapa, con poco más de 65 años de vida, recuerda aquellos establecimientos que hicieron época en esa arteria hoy deprimida y convertida en una zona vulgar y corriente.

"Bueno, acuérdese del Palacio de los Deportes, la tienda en ese entonces número uno en venta de artículos deportivos, lo mismo que Casa Bremer", destaca.

Cantú Chapa trae a la actualidad una zapatería muy conocida, su nombre era "Zapatería Marroquín", a la que acudían muchos clientes, principalmente estudiantes.

Por ahí, se ubicaba un negocio de reparación de refrigeradores y lavadoras, su propietario era Randolfo Esquer, quien su autonombró "El Solitario".

Este personaje combinó la atención de su negocio por la actividad política, convirtiéndose en un severo crítico de las autoridades.

Esquer con su camioneta pick up, en la que trasladaba los aparatos que reparaba, le puso un equipo de sonido y él solo se iba a Palacio Municipal y el del Gobierno, a exigir a los gobernantes en turno el cumplimiento de sus compromisos de campaña.

La única ocasión en que Randolfo Esquer elogió a un servidor público fue cuando Eduardo A. Elizondo, el 5 de junio de 1971, decidió renunciar a la gubernatura.

Fuimos testigos que arribó a la plaza Benito Juárez, frente a Palacio de Gobierno minutos después de que ante los diputados del Congreso estatal, Elizondo dio a conocer los motivos de su renuncia."¡No se vaya señor gobernador, lo necesitamos y la mayoría de la gente lo apoya!", dijo entre otras cosas.

Esa vez, Esquer salió de su negocio y conduciendo su camioneta encendió el aparato de sonido y manejando se dirigió a la gente, invitándola a ir a la sede del Gobierno estatal para apoyar al gobernador.

Ahora algunos de los que vivieron aquella época, hacen un comparativo de la avenida Zaragoza de antes, con la de ahora.

Y la conclusión es que se ha perdido otra avenida institucional y tradicional por dar paso a los antros y hoteles de paso.

VÍCTOR SALVADOR CANALES