9 de agosto de 2013 / 12:59 p.m.

Monterrey • Hace 22 años que Columba Andrés Ramírez llegó a Monterrey desde la huasteca potosina a trabajar en el servicio doméstico en San Pedro, y apenas tiene un pie de casa en La Alianza, en el municipio de El Carmen, en una comunidad indígena de casi cien personas, donde hasta hace poco era líder natural.

Las cosas cambiaron cuando en la administración municipal le comentaron que ya había "una encargada", que era una regidora, quien vería esos asuntos.

"Me siento indignada, cuando empezaron a ver lo de la ley se nos invitó para que participáramos en las consultas, nos si queríamos tener representantes en los municipios y dijimos que sí para que nuestra voz llegara".

Cuenta que no hay registro de esta población en este municipio, aunque la ley señala que debe haber un censo. También requieren apoyo con becas para los niños y despensas.

"El municipio siempre dice que no hay recursos, estamos buscando el soporte de otras organizaciones y nuestros compañeros, y lo necesitamos ya2, cuenta.

Menciona que la vida es muy difícil para un indígena que migra, y la indiferencia de autoridades, así como el maltrato de algunos ciudadanos lo hace más difícil.

"Toda mi gente ha sufrido mucho, si empezamos a contar nuestras historias no acabamos; como empeladas domésticas nos tratan como quieren y nos pagan lo que quieren; no tenemos seguro, ni puntos de Infonavit. Tengo 22 años de trabajo y apenas conseguí un pie de casa de Fomerrey, ¿de verdad alguien piensa que eso es justo?"

Dijo que la presencia de personas de estas comunidades es mayor, por lo que autoridades, empresarios y la sociedad no pueden ignorar su aportación a la vida productiva del estado.

"A las autoridades les falta celebrar menos fiestas y hacer más cosas por nosotros los otros días del año", afirma.

"No hay lugares"

Leucebia Márquez aprendió de sus padres y abuelos, indígenas de Santiago Mezquititlán, Querétaro, el arte de hacer muñecas de trapo, bolsas y pulseras tejidas. Al igual que Columba, llegó a la entidad hace 22 años. Una de sus hijas le ayuda a hacer las muñecas. Toma un día elaborar una.

"No es difícil, como hay que rellenarlas y coserlas sí nos tardamos, mis hijas son las que me ayudan. Mis nietas aún están chiquitas y quién sabe si les guste esto", explica.

Cuenta que hay pocos sitios dónde ofrecer sus productos. Cada día es una lucha, y no es fácil.

"No hay lugares, si nos ponemos en las banquetas llegan los de Comercio y nos quitan, nos gustarían que nos dieran más espacios", pide la madre de familia.

DANIELA MENDOZA Y MARILÚ OVIEDO