23 de julio de 2013 / 12:43 p.m.

Michoacán de Ocampo• El hombre es de tez morena, bajito. Su pequeña vivienda está justo a la entrada del poblado de Limón de la Luna, en el municipio de Buenavista Tomatlán. En la parte frontal de su hogar hay una ventana donde expende refrescos y comida chatarra. Súbitamente el rostro morenísimo que tiene se torna blanco, lívido, como si toda la sangre de su cuerpo le hubiese sido extraída.

“Sí, todavía no se me va el espanto. Desde que amaneció ese día y salí para acá afuera, no se me quita, no se me va”, alcanza a decir con voz trémula. Su mujer, con las pupilas dilatas, mirada de espanto, encuera a sus dos pequeños hijos y les pone un pijama a cada uno. No puede responder ni una pregunta. Ahí, frente a su vivienda, hay un enorme arco de metal que da la bienvenida a su pueblo. Hace cuatro días, cuando el campesino se levantó y salió para respirar el aire matinal, se quedó helado de horror: cuatro cuerpos habían sido colgados en la madrugada, justo ahí: dos hombres y dos mujeres.

A pesar de la entrada de las tropas federales en mayo, cuando el Estado mexicano rompió el cerco que el crimen organizado había impuesto a más de 40 mil personas de tres municipios, la calma no ha durado mucho y la violencia regresó: el terror se ha colgado de nuevo de la frágil vida de la gente de la Tierra Caliente michoacana. Esta semana ya iban ocho muertos en menos de una semana. Pero ayer la cosa empeoró: un grupo armado arremetió a balazos contra autodefensas en Los Reyes, más allá de Limón de la Luna: cinco hombres murieron y 10 resultaron heridos. Los sicarios, al huir, todavía se dieron el lujo de detenerse un rato a balear varias viviendas de la zona.

La sangre corre de nuevo. Abajo, en Buenavista Tomatlán, otro hombre de las autodefensas se columpia en una hamaca sin dejar de observar la primera plana de un diario local: tiene la foto de los colgados. Es una imagen que incluso a los más bravos de por aquí…

“Este era un maestro… Este era de nosotros, un autodefensa… Ellas dos también”, va señalando los cuerpos colgados que aparecen en las fotos. Un arrebato de macho calentano impide que las mejillas se le mojen, carraspea, eleva la voz y dice lo mismo que repetirán sus compañeros de armas guardadas (ya no portan fusiles en los retenes, a la entrada del pueblo):

—No tenemos miedo. Nos quieren espantar Los templarios, pero vamos a seguir. No nos vamos a ir…

Convoyes de militares y federales van y vienen. La vida transcurre con aparente normalidad, pero las sonrisas se han empezado a esfumar en Buenavista Tomatlán, donde, según dicen a MILENIO funcionarios del gobierno federal, lo que ocurre no solo es un asunto autodefensas contra el crimen organizado, sino una lucha entre el cártel de Los caballeros templarios y el cártel de Jalisco Nueva Generación.

JUAN PABLO BECERRA ACOSTA