21 de mayo de 2013 / 01:33 p.m.

Monterrey • Seguramente Sandra Amezcua Cárdenas nunca olvidará su regalo de cumpleaños: El viaje en una avioneta que se estrellaría contra una bodega en el Autódromo Monterrey.

A veces alegres, en momentos, muy serias, las hermanas Érika y Sandra reflexionan sobre la increíble aventura que casi les cuesta la vida luego que la aeronave se precipitó contra un tejado de lámina a un kilómetro del Aeropuerto del Norte. Y eso les ha quitado el sueño.

Érika, la mayor, madre de tres hijos de 7 a 12 años, se rasca la mejilla y dice muy seria: “Tenemos ya tres noches soñando lo mismo. En mi caso soñando aviones que caen, que chocan mi carro. Nunca había tenido siquiera un choque en auto”.

Junto a una fotografía que muestra al Papa Juan Pablo II frente a una imagen de la Virgen de Guadalupe, las hermanas creen haber tenido ayuda divina para poder salir prácticamente ilesas de un accidente que bien pudo tener un resultado muy distinto.

Desde el hospital, el piloto Francisco Javier Juárez Saldaña recapacitaba sobre el accidente ocurrido el 15 de mayo.

“"Cuando despegamos (en la torre de control) nos dieron la indicación que mantuviéramos rumbo de ruta, o sea seguir derecho como estaba la pista de despegue, entonces no podíamos maniobrar hacia algún lado además que no teníamos la altura y de que hay gasolineras y muchos postes.

“"Lo que se intento fue tratar de esquivar los cables de 13 mil voltios, el capitán (Juan Carlos Rocha Argumedo) y su pericia se vio, los dos en conjunto, yo tratando de mantener y generar velocidad, pero ya no daba y él tratando de lograr altura… Y aquí no fue él ni yo, simplemente Dios nos acomodó, porque esto fue un acomodo, no fue un choque"”.

Las hermanas Amezcua Cárdenas viajaban como pasajeras en un avión Piper Cherokee. Ellas y los pilotos recibieron lesiones menores. Estos aún convalecen en un hospital particular.

Poco antes de despegar, las hermanas Amezcua Cárdenas se tomaron una fotografía que hizo recordar la imagen de Jenny Rivera que difundió antes de despegar de Monterrey en diciembre en un vuelo que la condujo a la muerte.

“"De por sí algunos amigos me decían La Jenny Rivera, según ellos porque me parezco, y pasa esto y me dicen: Oye, está bien que la quieras imitar, pero no es para tanto"”.

Las hermanas coinciden en que ahora ven la vida de una manera completamente distinta.

Con la cámara de video de su teléfono celular, Érika grabó 54 segundos del despegue de aquel accidentado vuelo. El avión no parecía tener problemas al enfilarse por la pista, pero tan pronto se lanzó al aire se mantuvo a baja altura.

Luego de salvar la carretera a Laredo, la cámara encuadra a Sandra donde se le ve bromeando y cubriéndose el rostro con ambas manos como si tuviera miedo. Poco después, Érika percibió que volaban a muy baja altura y decidió apagar su cámara y guardarla para sujetarse. Cinco segundos después se estrellaron contra la bodega.

JOEL SAMPAYO CLIMACO