ZYNTIA VANEGAS
11 de mayo de 2013 / 02:04 a.m.

Monterrey • Aunque son madres de familia, para ellas el 10 de mayo es un día como cualquiera, desde que sus hijos fueron privados de la libertad no hay nada que celebrar.

Sus vidas están marcadas por la fecha en que alguien les arrebató a sus familiares, desde entonces viven con la incertidumbre por no saber donde están, donde duermen, que comen, si están vivos o muertos.

A pesar de su inmensa tristeza, ellas saben que la vida debe seguir, cada día tienen que despertar y sacar fuerzas para poder cuidar al resto de sus vástagos que también las necesitan y al caer la noche buscar de donde sacar consuelo para tanto dolor.

Para la sociedad, los desaparecidos pueden representar un número más, o ser sólo fotografías que se repiten en las calles con la frase "Se Busca", que se va olvidando al paso de los días, pero ellas no olvidan jamás.

Su mejor regalo este Día de las Madres sería tener noticias, saber dónde están.

Las lágrimas no terminan, la angustia que sólo ellas conocen de lo que significa perder a un hijo de una forma tan violenta, luego de haberlos cargado nueve meses en su vientre y darles cariño mientras los tuvieron.

No existe una forma para definir su dolor, sólo se limitan a decir que están muertas en vida, sólo esperando ese día de ver a sus hijos entrar por la puerta y volver a escucharlos llamarás mamá.