6 de junio de 2013 / 12:50 p.m.

Monterrey• La multitud no da la cara, pero levanta de nuevo la voz para dejar en claro que tomarán la justicia en sus manos, como lo hicieron la noche del viernes pasado, cuando lincharon a tres delincuentes que intentaban secuestrar a varias mujeres. Uno de los criminales murió víctima de las lesiones.

La mayoría son mujeres de la parte más alta de la colonia Independencia, quienes ponen al descubierto la seria problemática de seguridad que padecen cientos de familias que radican en lo más alto de la Loma Larga.

“Sí lo volveríamos hacer, son gente mala que golpea a las señoras y amenaza a nuestros hijos, claro que haríamos justicia, nadie nos ayuda, estamos solos y padecemos muchos problemas”, fue el comentario de algunos vecinos de lo más alto de la Colonia Independencia, en el sector que rodea a la parroquia de la Santa Cruz.

En esta colonia tal vez la única regla que se cumple es la ley de gravedad, aunque algunos jóvenes en tono de burla comentaban que el que sube hasta ese lugar, “a lo mejor no baja”.

Casas abandonadas, paredes rayadas, escaleras y callejones con hierba crecida, un espacio marcado por el silencio que domina el ambiente y las miradas expectantes de las personas quienes desde sus casas no pierden detalle de los extraños que los visitan.

Al realizar un recorrido por este sector, la primera impresión que se tiene es que se encuentra en una especie de estado de guerra, al preguntar a los dependientes de los negocios nadie sabe nada, sobre el linchamiento del viernes por la noche desconocen todo lo sucedido o simple y sencillamente no quieren meterse en problemas.

Pese a contar con una vista envidiable, teniendo al norte la ciudad de Monterrey a sus pies y al sur el sector Valle Oriente, sus habitantes viven un Via Crucis cotidiano.

Para ellos, los enfrentamientos son el pan de cada día, los robos y la violencia son una constante que se volvió intolerable por lo que muchos optaron por huir de esa colonia dejando todo, hasta sus pertenencias, llevando sólo su valor más preciado, su propia vida.

Al entrar en esos domicilios abandonados se tiene la impresión que sus moradores huyeron con mucha prisa, en las casas no hay muebles, sólo se pueden apreciar ropas, trastes arrumbados, calzado, hasta el cableado de las instalaciones eléctricas les fue robado.

“La gente se fue a causa de las amenazas, huyó para salvar sus vidas, no les importa dejar todo lo que con mucho sacrificio hicieron.

“En esta parte de arriba sale muy caro hacer las casas, viene saliendo como el doble y ni modo, se fueron por temor, a lo mejor ya estaban amenazados y mejor decidieron irse para empezar de nueva cuenta, son como 60 casas sin gente”, mencionó una de las mujeres que se acercaron a platicar.

Otros habitantes han optado por una especie de encierro voluntario, como un ama de casa que se queja de que literalmente viven presas en sus casas, pues aparte de la inseguridad el costo por vivir es muy alto.

“Mis hijos no van a la escuela, están amenazados por los pandilleros de la parte de abajo, esos son los pleitos de muchos años, en mi refrigerador no hay comida, no porque no tenga dinero, sólo es que no puedo ir a comprar la carne a la carnicería porque me golpean y me roban, así es como vivimos.

“Los políticos no nos cumplen sus promesas, queremos que nos vigilen los soldados, con ellos nos sentimos seguros”, fue el comentario de una vecina.

Tan socorridos en otros puntos de la colonia Independencia, los burros cargadores ya desaparecieron de este sector.

“Antes se podían ver algunos burros subiendo comida, ahora ni eso hay, la gente se fue, dicen que hasta les cobraban piso, pero nadie sube para este lugar, las tiendas no tienen nada porque no hay quien suba, estamos muy mal y peor con tanta delincuencia.

“Nadie nos hace caso, todos nos prometen, somos seres humanos y nadie nos toma en cuenta por vivir en esta parte, no somos delincuentes, somos ciudadanos de Monterrey y la pasamos a diario muy mal”, lamentó otra de las personas que participó en la agresión a los delincuentes.

Hartos de la inseguridad y ante los abusos de los delincuentes, los mujeres del barrio de la Santa Cruz protagonizaron su propia versión de Fuenteovejuna e hicieron justicia por sus propias manos.

“Nos cansamos de tener miedo, nos robaban en nuestras propias casas, secuestraban señoras y nadie hacía nada, por eso es que se hizo lo que paso, si nos van hacer algo que se lo hagan a todos.

“Lo volveríamos hacer para que se den cuenta los malos de que ya no tenemos miedo, pero queremos que haya seguridad, estamos solos a expensas de lo que nos hagan los delincuentes y eso no se vale”.ç

LORENZO ENCINAS