CRÓNICA POR ISRAEL SANTACRUZ
18 de agosto de 2013 / 03:26 p.m.

Monterrey.- • Entre empujones y molestias de pronto se escucha el pillido electrónico. “Por fin”, piensa Olga, quien parece respirar aliviada como quien sabe que el calvario llega a su fin. Sin embargo, una severa voz retumba entre sus oídos con una frase que sepultará su día: “Se cayó el sistema, ¿puede pagar en efectivo?.

 

Olga es una de cientos, quizá miles de compradores de una tienda departamental en el centro de Monterrey en donde los padres de familia buscan, algunos por olvido y otros por falta de capital económico, los útiles de la lista escolar ante el inminente regreso a clases.

 

El hombre de bigote, que viste shorts y tenis sin calcetines mira angustiado la escena frente a él, quien tras horas en la tienda departamental se encuentra a un paso de volver a su casa y disfrutar, como cada sábado, de su descanso habitual.

"Pues ya aquí se me fue parte de la quincena. Si me pagaran más claro que vengo a surtirlos con tiempo, pero pues qué, ya ni modo, tuve que sacarle a la quincena. Sí, sacrifiqué contratar el Pago por Evento de mis Rayados, pero pues es sólo una vez al año el surtir los útiles", ríe al ver a su pequeña que ve con emoción la caja de Crayolas, como si en ella se fuera la vida misma.

 

El primer piso de la tienda se encuentra abarrotado de diversos productos. El común denominador es que todos acabarán dentro de una mochila rumbo al aula.

 

La educación es laica y gratuita, sin embargo, los instrumentos para ejercerla no lo son.

Un par de madres de familia tratan de guardar la civilidad y compostura en lugar de pelear por una calculadora con dibujos alusivos a Monsters University.

 

Y la lista sigue, parece interminable. "¿Y de verdad van a usar todo esto?, antes ni usábamos tanto y como quiera aprendíamos bien", dice doña Rosy al ver la kilométrica lista de útiles para su pequeña que cursará el tercer año de preescolar. No sabe si tendrá el recurso para tener todos los materiales y como madre primeriza, sufre al no saber cuál material de la lista se quedará fuera, al menos hasta la próxima quincena para poder reponerlo.

 

En el segundo piso todo parece más tranquilo. Todos van a la escuela, mas no todos tienen que renovar uniforme.

El hijo de doña Irene no "dio el estirón" en el último año escolar, lo que ahorró automáticamente en el bolsillo de su madre cerca de 600 pesos, lo equivalente a poco menos de la mitad de lo que costará la lista de útiles.

 

Entre todo el tumulto y bullicio un hombre sonríe. Se divierte al ver el sufrimiento de la gente y cómo se abalanzan unos con otros. Sabe que todos, absolutamente todos los presentes, dejarán ganancias millonarias en la tienda. Es entonces cuando un empleado de bodega llega a preguntarle al gerente si también las cajas con libretas que van llegando deben ser descargadas.

 

"Todo, saca todo, que nada va quedar", afirma sin despegar la vista de las enormes filas en las cajas, con una leve sonrisa. Y es que el ciclo escolar 2013-2014. está a punto de arrancar.