27 de enero de 2013 / 04:46 p.m.

Monterrey.- "No, mi amigo, por aquí ya no sabemos ni cuántos muertos van; un día matan a uno, otro día a dos o tres, y así, a cada rato, y no de ahora, ya tiene tiempo, mire nomás la fachada de mi casa y mi negocio, estos son balazos", dice Domingo, un hombre maduro que se dedica a la tapicería, señalando orificios en la parte frontal de su changarro y en su camioneta.

El tapicero tiene su negocio sobre la avenida Julio A. Roca, en la colonia Fomerrey 113, vecina de las otras Fomerrey, 24 y 35, y cercana a las otras ubicadas al pie y en las faldas del cerro del Topo Chico.

"Mire, aquí está la cosa tan caliente que ya muchos negocios mejor cerramos desde las cuatro de la tarde; no importa que no ganemos más, preferimos sacar menos, pero al menos encerrarnos en la casa y no estar afuera a la hora de los balazos".

Domingo y sus trabajadores laboran en un pequeño taller donde al fondo tienen un nicho con la imagen de la Santa Muerte, una imagen muy venerada por estos barrios.

¿Con ella están bien protegidos?

"Pues sí".

La zona caliente de la zona norte es amplia, pues inicia, de acuerdo con testimonio de policías estatales preventivos y de la Ministerial, desde los alrededores del penal del Topo Chico, en la avenida Aztlán, por el rumbo de Valles de Santa Lucía, hasta la parte del cerro del Topo Chico que hace frontera con el municipio de Escobedo.

Las colonias se extienden a lo largo de la avenida Aztlán, Julio A. Roca y Camino Real.

Y efectivamente, los testimonios de que por ahí ronda el peligro son evidentes.

"Por aquí, por donde sea está peligroso"”, dice Manuel, un comerciante que vende ropa y diversos artículos de segunda por uno de los barrios de la colonia Fomerrey 35.

En las calles centrales que atraviesan este especie de rectángulo largo que bordea parte del cerro, la Julio A. Roca y la Camino Real abundan ciertos negocios: los que compran y venden chatarra como fierro, cobre, aluminio y pilas; los de auto-partes, los de bebidas embriagantes y de comidas.

También hay fruterías y abarroteras, pero los de autopartes predominan.

Juan Ramírez es un viejo albañil del sector que vive aquí desde hace más de 30 años, y no duda al admitir que alrededor de las chatarreras hay férreas disputas.

El miedo que embarga a esta zona de la periferia hace que mucha gente tenga sus pequeños negocios entrerrejados y vendiendo a través de ventanillas.

A Domingo Hernández y José Ramón Rodríguez, quienes atienden un negocio de chicharrones en Julio A. Roca, eso no los intimida.

"No, pos sí, de repente se oyen tiros, pero nosotros tenemos como un año, y no nos ha pasado nada"”, dice Domingo Hernández.

ALEJANDRO SALAS