22 de julio de 2015 / 12:12 p.m.

Cuenta la historia de un niño que tenía las manos de mantequilla...
¡Sí! Literal, tenía esa viscosidad que solemos untar en nuestro pan.

Pero, lo que este chico creía que era un gran defecto, resultó ser una gran virtud... ¿Cómo puede ser esto posible?

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