15 de octubre de 2015 / 12:39 p.m.

Vivimos asumiendo lo que puede pasar y creemos tener todo fríamente calculado. Es por esta razón que muchas veces, sino es que la mayoría, las cosas no salen como queríamos.

Este es el caso de un joven en un supermercado donde, con motivo de las fiestas de Halloween, se disfrazó de momia y se colocó como si fuese un muñeco.

De pronto, un cliente se le acerca a inspeccionarlo y la broma entra en acción cuando el disfrazado decide asustarlo.

Se llevará el susto de su vida, decía... Al terminar, se atacará de la risa y me dará la mano, decía...

Por subestimar o suponer lo que iba pasar, las cosas se salieron de control.

Y es cuando nos ponemos a pensar que un simple acto "gracioso" también pudiera ser un riesgo para la salud de las personas.