SANTIAGO FOURCADE @SANTIAGO4KD Y VÍCTOR MARTÍNEZ @VICTORMTZLUCIO
27 de enero de 2016 / 06:14 a.m.

Argentina.- Ésta es Buenos Aires, la capital Argentina, con su Casa Rosada, sede del Gobierno Federal, con su Obelisco, sitio de visita obligada para el turismo.

La mayor cantidad de librerías per cápita en el mundo y sus edificios que reflejan la influencia francesa de otros tiempos, y que hoy la hacen llamar la París de América.

Pero más allá de esto, en el otro Buenos Aires, están las Villas, estos asentamientos humanos irregulares compuestos en su mayoría por indocumentados, reflejan las carencias y la amenaza latente de las drogas.

Es aquí donde años atrás comenzó la misión de Jorge Mario Bergoglio.

Es el barrio de Bajo Flores, donde dos grandes grupos compuestos en su mayoría por peruanos y paraguayos, dominan todo; y contaminan a jóvenes y viejos con el ‘PACO’, la cocaína en piedra como la conocemos en México.

Aquí la ley no entra, pero sí la palabra de Dios...

La ineficacia del gobierno llamó la atención del entonces obispo, había que construir capillas y enviar ahí a sacerdotes para buscar con la fe enfrentar este problema.

“El Papa Francisco conoce a la perfección el tema del narcotráfico y la problemática, y él ha hecho un gran trabajo a través de la red de los curas villeros en diferentes asentamientos y barrios complejos de la capital federal, y se ha trabajado muchísimo”, cuenta Facundo Pastor, periodista y analista argentino.

La encomienda la encabezó él mismo, recorriendo las calles de este lugar donde privan el peligro y las amenazas del tráfico de drogas.

“Es un camino que él eligió, ya cuando era provincial jesuita, allá en San Miguel, él formaba a sus novicios jesuitas en las barriadas más humildes, hicieron una parroquia, atendían los barrios con la catequesis, acompañaban la vida de la gente humilde”, dice el Padre Gustavo Carrara, párroco villero.

“Una vez que están en esa lógica de la droga, el ‘Paco’ digamos la piedra, irrumpe muy fuerte y genera una adicción muy rápida, destroza la familia rápidamente, y bueno a nosotros nos tocó de alguna manera estos años ser testigos de muchas destrucciones”, cuenta el Padre Hernán Morelli, otro párroco villero.

Los años han pasado y la labor continúa.

Quienes recibieron esta encomienda saben que no es fácil ante una problemática que las autoridades no han podido resolver en Bajo Flores.

“No podemos preocuparnos por el bautismo si la gente de acá no tiene agua, no podemos preocuparnos por el pan de la fe si no tienen el pan cotidiano… las dos cosas van unidas”, comenta el Padre Morelli.

“El trabajo que hacen los curas villeros, es fundamental, es un trabajo revolucionario, silencioso, obviamente que tiene esa guía y esa mirada del Papa Francisco, y que lo que intenta es justamente combatir esto, cambiar espiritualmente”, comenta Facundo Pastor.

Los curas villeros no se sienten solos, aun perciben el apoyo de quien les dio esta misión, incluso desde el Vaticano.

“No deja de tener detalles, o de brindar ayudas a estos lugares también, con un llamado, con un responder rápido, un correo electrónico, con a veces enviar una ayuda material”, dice el padre Gustavo Carrara.

Pero la 1.11.14 es solo una de las villas en donde se lleva esta encomienda de fe, mañana conoceremos al Padre Pepe, mano derecha y compañero del Papa Francisco, quien en medio de amenazas de muerte hoy sigue adelante.