AGUSTÍN MARTÍNEZ
20 de julio de 2015 / 11:00 p. m.

Guadalupe.- Hace 16 años, Mauricio Rosales Guerra sufrió una caída de 12 metros, cuando trabajaba en la construcción de un templo católico en San Nicolás.

Había sido su mayor cercanía con la muerte… hasta el pasado fin de semana, cuando una descarga eléctrica acabó con su vida en Guadalupe.

Con uno de sus yernos como ayudante, el albañil de 52 años de edad se disponía a armar la estructura donde vaciarían el volado de la casa de uno de sus vecinos.

Al maniobrar con unas varillas de acero sobre la azotea, junto a un tinaco, el metal hizo contacto con cables aéreos de 13 mil voltios. La descarga fue fulminante.

Este lamentable accidente de trabajo tuvo lugar la mañana del domingo en una vivienda ubicada en la calle Valle del Dorado casi equina con Valle Grande, en la colonia Valle Soleado.

Rosales Guerra tenía su vivienda en el cruce de Valle de las Brisas y Valle Alegre, en Valle Soleado.

Tras ser velado en una funeraria de la avenida Ruiz Cortines, en Guadalupe, recibió cristiana sepultura a las 17:00 horas del lunes.

albañil
Mauricio Rosales dejó esposa y cinco hijos | AGUSTÍN MARTÍNEZ

El trabajador de la construcción dejó esposa y cinco hijos, cuatro mujeres y un hombre. El varón no pudo estar en los funerales, pues se encuentra en Alabama, Estados Unidos.

Uno de sus yernos describió a Mauricio como una persona ejemplar, amorosa con su familia y siempre muy dedicado a su trabajo, lo que es comprobado al encontrarse realizando su deber cuando se registró la tragedia.

Los familiares recordaron el difícil episodio que les tocó vivir hace 16 años, cuando Rosales Guerra cayó de un andamio de 12 metros de altura.

En coordinación con otros albañiles, él se desempeñaba en el vaciado de las columnas de un templo, en la colonia Industrias del Vidrio, de San Nicolás.

Lo que le permitió sobrevivir fue que cayó sobre un montón de arena que acababa de ser colocado por un camión de volteo, aunque resultó con traumatismos muy severos.

Aquella ocasión Mauricio quedó grave, pues sufrió severos golpes y permaneció en coma aproximadamente dos meses, hasta que finalmente pudo recuperarse y volver a dedicarse a esa actividad que tanto amaba.

Quienes conocieron al padre, abuelo, suegro, se encuentran muy consternados ante ese acontecimiento, aunque saben, de alguna manera, que su ser querido los espera allá en el cielo.

Los vecinos de las calles Valle de las Brisas y Valle Alegre se sienten muy tristes por el trágico suceso, y dicen que difícilmente olvidarán la amistad de Rosales Guerra.

El lugar donde la víctima laboraba, a seis cuadras de su casa, permanece en completo silencio. Los moradores de la vivienda en remodelación no desean hacer comentarios en torno a lo ocurrido.