13 de abril de 2014 / 12:00 p.m.

Monterrey.- ¡Te dije que yo no quería venir!, le gritaba un hombre al cuerpo de su esposa, quien había sido asesinada de un balazo en la cabeza, luego de que ambos fueron privados de su libertad cuando se encontraban en el interior de un bar del centro de Monterrey.

Oscar Azael Álvarez Morales, de 22 años de edad, y su esposa Claudia Azucena Cobos Flores presuntamente tuvieron un altercado dentro de un bar y fueron levantados por varias personas, quienes los subieron a un taxi.

Recorrieron varias calles del centro y fue en el cruce de Juan Méndez y Ruperto Martínez, frente al templo de Nuestra Señora de Dolores, donde fueron bajados del vehículo de alquiler.

Pero antes de que el vehículo se retirara, uno de los ocupantes comenzó a disparar a la pareja para después darse a la fuga.

Una de las balas se incrustó en la nuca de Claudia Azucena, quien cayó muerta de forma instantánea ante la mirada de su esposo.

Éste, por su parte, recibió tres disparos, uno en el muslo derecho, otro en la muñeca izquierda y un rosón en el pómulo izquierdo.

Personal de la Policía de Monterrey, que realizaban su recorrido, observaron al hombre llorando sobre el cadáver de la mujer y pidieron la presencia de una ambulancia de la Cruz Roja, quienes al llegar determinaron que la mujer había fallecido.

Oscar Azael cayó en una crisis de histeria y, a pesar de que tenía tres heridas de bala, se negaba a retirarse del cuerpo de su esposa.

¡Ahora ¿qué le voy a decir a mis hijos?! Le gritaba a los elementos de la policía y paramédicos que se encontraban en el lugar y después comenzó a reclamarle al cuerpo de su esposa, señalando que él no quería salir de su domicilio durante esta noche.

Oscar comenzó a desangrarse pero se negaba a recibir atención médica, no quería despegarse del cuerpo de su esposa.

Finalmente, elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones llegaron al lugar y lograron convencerlo de que fuera atendido de sus heridas y fue llevado por el personal de la Cruz Verde de Monterrey a un hospital de Monterrey.

Sobre el pavimento fue localizado un casquillo calibre .9 milímetros, el cual fue levantado por el personal de servicios periciales.

Francisco Cantú