ISRAEL SANTACRUZ
20 de abril de 2015 / 12:54 p.m.

Apodaca.- De nuevo las lluvias en el área metropolitana cobraron la muerte de una persona, en este caso una menor de 10 años que fue arrastrada por una corriente en Pueblo Nuevo, Apodaca, tras una lluvia con duración de breves minutos.

Flora Esmeralda Campos Hernández, de 10 años, jugaba con amigos en un pequeño riachuelo en el cruce de Río Salado y Río Nilo, en la colonia Pueblo Nuevo, sin embargo, una aparente crecida en la corriente provocó la caída de Flora, siendo arrastrada a través del cauce mientras sus amigos pedían ayuda.

Pero el temor se volvió terror e impotencia cuando el pequeño cauce desembocó en el canalón de Pueblo Nuevo, un arroyo de considerables dimensiones que atraviesa por toda la colonia.

Cerca de 400 metros después de que la menor cayó en las aguas, y de que los vecinos desesperados pedían ayuda, un hombre decidió salir de una camioneta que transitaba por la calle contigua al cauce, y sin pensarlo dos veces, al ver a la niña, decidió saltar al arroyo.

Gilberto Rodríguez, de 29 años, alcanzó a tomar a Flora, pero la fuerza de la corriente pudo más y se la arrebató de las manos. Desde ese momento Gilberto se convirtió más que en héroe en otra posible víctima, pero sacó fuerzas y trató de mantenerse a flote y buscar a la pequeña por todos los rincones del canal.

No fue sino hasta casi 600 metros de su intento de rescate y a casi un kilómetro de donde la pequeña cayó, que finalmente pudo tomarla, y con ayuda de vecinos del sector la pudieron sacar del cauce en una zona donde el ancho del río era más amplio y la profundidad era menor.

De inmediato elementos de Protección Civil de Apodaca, así como en autos particulares, trasladaron de inmediato a Flora a la Clínica 66 del IMSS, a escasas cuadras de donde fue rescatada la menor.

Sin embargo fue muy tarde, pues la pequeña Flora murió por los golpes y el agua que tragó a lo largo de un kilómetro.

Al sitio arribaron los padres de la menor, quienes cayeron en una crisis de histeria al escuchar la noticia de su hija sin vida, al igual que su propio rescatista, Gilberto Rodríguez, que con llanto en sus ojos no podía creer el desenlace de la historia.

De esta forma es como una vez más se dejó al descubierto cómo incluso una breve lluvia puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.