AGUSTÍN MARTÍNEZ
1 de noviembre de 2017 / 07:27 p.m.

MONTERREY.- La relación sentimental entre Alfredo y Juany se deterioró aún más cuando Eliseo llegó a trabajar al pequeño negocio de autolavado. Al paso de los días, para casi nadie era un secreto que el nuevo trabajador se entendía con la esposa del "patrón".

Pero nadie pudo imaginar siquiera que aquel triángulo amoroso terminaría de manera trágica, al ser asesinado Alfredo a manos del amante de su mujer.

Alfredo Salas Hernández, de 37 años de edad y originario de Huejutla, Hidalgo, habitaba en la colonia Cima de las Mitras, en Santa Catarina.

En aquel lugar, en plena ladera del cerro de Las Mitras, vivía con su esposa, Juana Hernández Hernández, de 29 años, y con sus tres hijos, de 9, 7 y 5 años de edad, respectivamente.

Pese a que discutían con cierta regularidad, “como cualquier pareja”, parecían ser felices. Se ganaban el sustento diario lavando coches en un pequeño local prestado, en la colonia Rincón de las Mitras, a poco más de un kilómetro de su casa.

Pero a mediados de año llegó al negocio Eliseo. No se conocía con Alfredo, pero ahora la gente supone que, en algún lugar y momento, conoció a Juany y ella misma lo invitó a trabajar.

El dueño del autolavado, conocido en la zona como “El Chilero” o “El Car Wash”, confió en él y le dio empleo, sin imaginar que con el paso del tiempo se convertiría en su propio verdugo.

La madrugada del pasado domingo 29 de octubre, Salas Hernández se encontraba tomando en su domicilio, cuando llegó el ahora presunto homicida.

Comenzaron a discutir por la disputa del amor de Juana, hasta que el empleado sacó una navaja y atacó a su rival, provocándole una herida en el lado izquierdo del cuello.

Los amantes sacaron el cadáver hacia el callejón empedrado, y luego la mujer se dispuso a limpiar la sangre que quedó dentro de la humilde vivienda.

Eliseo se retiró, pero fue detenido a menos de 48 horas, tras ser delatado por su “amada”.

El cuerpo de “El Chilero” fue encontrado como a las 7:00 de la mañana del domingo. Su esposa, que salió de la casa cuando una vecina le avisó del hallazgo, se mostró “sorprendida y devastada” por el incidente.

“Actuó” bien durante algunas horas, pero cayó en varias contradicciones ante los agentes ministeriales, y al final terminó por confesar. Las autoridades no le han fincado responsabilidad hasta ahora.

El cuerpo del lavacoches fue velado desde el lunes en la funeraria municipal, y la tarde del martes se llevó a cabo la cremación. Trascendió que sus cenizas serían llevadas a su pueblo natal, Huejutla, Hidalgo.


pjt