8 de abril de 2014 / 01:51 p.m.

Mientras tanto, tendrán que esperar a las autoridades estatales, que les brinden ayuda para poder seguir delante, ya que ninguno de ellos va a la escuela.

Monterrey.-Por golpear a sus tres hijastros, un albañil fue detenido por elementos de Fuerza Civil en la colonia Topo Chico, cuando pretendía evitar el arresto al esconderse en un domicilio cercano al lugar.

Los hechos trascendieron minutos después de que la dueña de la vecindad donde vive la familia, denuncio la agresión a las autoridades estatales.

Asimismo, personal de la Cruz Verde de Monterrey, acudieron al sitio ubicado en privada Mier y Noriega en su cruce con Santiago.

Al llegar al lugar los paramédicos encontraron un menor identificado como Ricardo Marcelino García Hernández, de 10 años de edad.

Durante la atención médica, se estableció que el menor presentaba golpes en diferentes partes del cuerpo.

Se reveló que el niño sufrió una herida en la frente lado izquierdo, además en el brazo del mismo lado.

En la escena de los hechos, electos de fuerza civil lograron la detención del presunto responsable y padrastro del menor.

El sujeto fue identificado como Juan Posadas Carmona, de 33 años de edad, mientras que la mamá de los niños dijo llamarse María Isabel Hernández Cisneros.

Se estableció que la agresión en contra de Ricardo Marcelino alcanzo también a sus hermanos de nombre Rubén Darío, de 14, Francisco Eduardo, de 12 y María Isabel , de dos años de edad.

En el lugar de los hechos, se informo que la familia llego a vivir en ese lugar hace seis meses.

Rubén Darío, al ser entrevistado en el cuarto donde viven, dijo que su padrastro frecuentemente los agrede a golpes casa vez que se encuentra en estado de ebriedad.

Los menores viven en un cuarto de cuatro por cuatro, en la segunda planta de la casa.

En el interior se apreció el abandono y pobreza en la que subsisten, además de soportar el maltrato al que estuvieron expuestos durante mucho tiempo.

A pesar de lo anterior, ayer por la noche, los menores se quedaron solos en ese lugar, a que sus padres tendrán que responder por estos hechos.

Mientras tanto, tendrán que esperar a las autoridades estatales, que les brinden ayuda para poder seguir delante, ya que ninguno de ellos va a la escuela.

Recargado en la puerta de forja, Rubén Darío observa a sus hermanitos y sólo asiste a decir la amargura que han vivido.

Con su camisa manchada con la sangre de su hermano Ricardo, Rubén Darío mira a su alrededor y aroma a preguntar si su padrastro ya no saldrá de la cárcel.

Marcial Pasarón