AGUSTÍN MARTÍNEZ
25 de agosto de 2015 / 10:41 p.m.

Guadalupe.- En la mirada de la señora Magdalena Salas se refleja el odio y el rencor.

Por nada del mundo perdona la atrocidad cometida por su yerno, Rogelio Garza Rodríguez, quien asesinó a su propia hija (nieta de Magdalena), en diciembre del año pasado.

“En la mañana, en vez de darle gracias a Dios por un día más, maldigo a Rogelio, porque nos cambió la vida a todos, y desde ese día no tenemos paz”, expresó el ama de casa, habitante de la colonia Valle del Roble, en Cadereyta.

Apenas el lunes el hombre recibió una sentencia de 37 años y 6 meses de prisión. Los familiares maternos de la niña Chelsy Damaris Garza Ibarra, de cuatro años, consideran que la condena es insuficiente.

“A lo mejor es lo mismo. El allá, encerrado, va a pagar, y nosotros aquí siempre extrañando a la niña, día a día. Extrañándola desde que amanece”, reiteró.

Ni ella ni su hija Cynthia Nelly Ibarra olvidan la sonrisa y las ocurrencias de Chelsy Damaris, quien cursaba el segundo año de preescolar.

“Ella era muy juguetona… muy viva y gritona, pero ese día (del asesinato) no la escuchamos gritar”, señaló la abuela.

Al recordarla, a doña Magdalena se le nublan los ojos. Casi al borde del llanto deja en claro que jamás perdonará a Rogelio. Lo maldice y dice esperar el peor castigo para él.

“Cada día que amanece… (Le digo) maldito, mil veces maldito. Porque me quitó a mi negra, y le cambió la vida a mi hija ya mí”, puntualizó.

La pequeñita falleció la madrugada del 14 de diciembre del año pasado. Mientras su mamá visitaba a sus abuelos en Guadalupe, la niña y un hermanito de 7 años estaban bajo el cuidado del papá.

Fue en la vivienda número 123-C de la calle Coco, en la colonia Valle del Roble sector Encinos, en Cadereyta, donde ocurrió la tragedia de la pequeña Damaris.

Asesino
El lunes Rogelio Garza Rodríguez recibió una sentencia de 37 años y 6 meses de prisión por el homicidio calificado de su hija. | ESPECIAL

La vivienda en este momento luce desierta, olvidada y en el completo descuido.

Damaris despertó llorando como a las 3:30. Rogelio despertó molesto y, al no conseguir que se callara, la azotó contra el suelo y le propinó diversos golpes en el abdomen.

Momentos después y al ver que no reaccionaba, la llevó al hospital de Pemex en Cadereyta, donde la recibieron casi a las 6:00 de la mañana pero ya sin signos de vida.

La autopsia reveló que la menor murió a causa de una contusión profunda de tórax y abdomen. Su propio padre confesó los hechos y fue puesto a disposición de un juez.

Las autoridades judiciales concluyeron el expediente y el pasado lunes dictaron sentencia contra Garza Rodríguez, de 27 años y quien trabajaba como operador de un camión de materiales.

Chelsy Damaris descansa en uno de los panteones municipales de Cadereyta, Nuevo León.