19 de noviembre de 2014 / 03:26 a.m.

Galeana.- Las sonrisas y las alegrías que, como amigos, solían compartir Luis Alberto, Luis Inocencio y Pablo Azael, se acabaron para siempre.

Sus cuerpos fueron sepultados la tarde del martes en un apartado ejido del municipio de Galeana, Nuevo León.

Prácticamente todos los habitantes de la pequeña comunidad de Santa Clara de Ciénega del Toro acudieron a despedir en su última morada a los tres jovencitos, quienes fallecieron la tarde del domingo en la sierra de Galeana.

Luis Alberto Saucedo de Martínez, de 14 años; Luis Inocencio Camacho Casas, de 12 y Pablo Azael Peña Herrera, de 11, se ahogaron en una pileta de dos metros de profundidad.

Como integrantes de un grupo de danza, habían acudido a un ejido cercano, a petición de un hombre que deseaba pagar una manda a la Virgen de Guadalupe.

Durante un descanso y en compañía de otro menor, Juan Manuel Camacho, de 10 años y quien quedaría ileso, se alejaron de la casa y llegaron al estanque.

"Sí, dijeron que iban a la tienda y luego ya pues de ahí se fueron para abajo, al aljibe. De ahí se les hizo fácil meterse. Yo creo que se les hizo fácil", comentó la señora Martha Alicia Sifuentes, quien atiende un diminuto negocio de abarrotes en la comunidad de La Puerta.

UNO RESBALÓ ACCIDENTALMENTE

Las autoridades suponen que uno de los menores resbaló y cayó al agua, y las otras dos víctimas intentaron rescatarlo, pero también murieron.

El aljibe del ejido puerto Acapulco, donde se ahogaron los tres niños, está cercado, aunque ellos aprovecharon un pequeño hueco para introducirse a ese sitio.

Familiares y conocidos fueron alertados por el sobreviviente. Aunque intentaron auxiliarlos, los esfuerzos fueron en vano.

"Y luego fue mi hermano y me ayudó a acomodarlo (a Luis Alberto), y ya fue del modo que le di respiración de boca a boca, pero desafortunadamente ya no se pudo hacer nada.

"Empezó a aventar sangre por la nariz y por los oídos, y fue lo que sucedió. Ya no se pudo hacer nada”, explicó Jesús Eduardo Saucedo, hermano del más grande de los fallecidos.

Con el apoyo del DIF de Galeana, los cuerpos fueron velados desde el lunes. Los pobladores se mostraron consternados ante lo que consideraron la peor tragedia ocurrida en aquella zona.

Ni algunos percances viales que han ocurrido en la carretera a San Antonio, o en la brecha que va a San Rafael, han sido de esa magnitud.

Tampoco lo fue el incendio forestal ocurrido hace casi cuatro años en la Sierra Madre, que acabó con parte importante de la vegetación de coníferas.

LUTO Y DOLOR EN SANTA CLARA

El señor Mario Peña lamenta la muerte de su nieto Pablo Azael, a quien describió como un niño bueno, ocurrente y siempre alegre.

"Pues es como los cría uno, siempre en su casa. Y siempre fue un buen niño… No, oiga, ¡qué bárbaro aquí! Nos tenía a todos bien granjeados", indicó el hombre de la tercera edad.

Por su parte, la señora Feliciana Martínez recuerda a su hijo Luis Alberto como un adolescente inquieto, pero con buenas metas en la vida, pues quería trabajar y ayudarle en lo económico.

"Yo me esmeraba. Yo le guardaba el cinco que me daban los muchachos. Pues lo trabajaba o lo escondía, y le daba a mi hijo para que mi hijo no batallara", aseveró.

En aquella alejada comunidad del suroeste del estado, los jovencitos cursaban el sexto año en la primaria 20 de Noviembre.

Su profesor, José de Jesús Bazaldúa, afirmó que los tres deseaban cursar la secundaria, y terminarla para continuar la preparatoria en San Antonio de las Alazanas, en Coahuila.

Originario de La Poza, Galeana, Bazaldúa expresó que, pese a las limitaciones económicas y materiales, hay muchos muchachos de ejidos apartados, que sueñan con estudiar y ser alguien en la vida.

Desafortunadamente ni Luis Alberto, ni Inocencio ni Pablo, pudieron ver cristalizados sus sueños.

FOTO: Agustín Martínez

AGUSTÍN MARTÍNEZ