13 de noviembre de 2014 / 02:34 p.m.

 

Monterrey.- Eran las 04:00 del sábado 13 de noviembre de 2010. Don Alejo Garza Tamez, de 77 años, esperaba, paciente, en su rancho San José, del municipio de Padilla, Tamaulipas.

Aguardaba el momento en el que llegaría un numeroso grupo de pistoleros que deseaba despojarlo de su propiedad.

El empresario maderero, originario de Allende, Nuevo León, experimentado en la cacería, se parapetó en la finca y, a la llegada de los delincuentes, abrió fuego contra ellos.

Abatió a cuatro e hirió a dos más. Al final logró evitar que le quitaran su rancho, pero quedó sin vida en una de las habitaciones, blanco de los proyectiles y las granadas.

A cuatro años de aquel incidente, que sigue llamando la atención aun fuera de México, sus hijos recuerdan a don Alejo como un ejemplo de responsabilidad y esfuerzo.

"Empiezan con la vida de lo que es cuando nace Maderería El Salto. (Fue) Un hombre de mucho trabajo", comentó Sandra Garza.

Junto con sus tres hermanos varones, Garza Tamez hizo crecer el negocio familiar, y abrieron sucursales en Monterrey, Allende y Montemorelos.

"Bueno, ellos salieron adelante, los cuatro hermanos, tomados de la mano siempre. Siempre reunidos; siempre unidos", mencionó.

Tras aquel lamentable hecho de Padilla, Tamaulipas, el recuerdo de don Alejo sigue más vivo que nunca entre aquellos que lo conocieron.

"La palabra de que muere la persona, pues muere para quien no la recuerda. Para mí, mi padre está vivo en mi corazón, y siento solamente que está en un viaje y que va a regresar", reiteró.

Más allá de que ahora su padre es recordado y reconocido como una persona valiente, su hija Sandra considera que él sólo hizo lo que tenía que hacer.

"Él, como hombre... es como si llegan a su casa y le quieren abordar a su familia, pues ¿qué hace usted? Usted como padre de familia va a defender lo suyo".

Pero la enseñanza que deja esta experiencia, más allá del valor mostrado por don Alejo, es la rectitud y la cabalidad de un hombre, moldeadas a lo largo de los años.

"Mi padre, lo único que hizo, y como lo he comentado antes, siempre sembró una semilla de amor para la gente, y si la gente lo admira y lo respeta, es por don Alejo Garza", reconoció.

Lejos de pensarse que, por la cacería y el campo era un hombre duro, don Alejo siempre fue bueno, y con carácter.

"Mucha gente puede pensar que era un hombre violento, que era malo. Él fue un hombre sumamente bueno, con una nobleza absoluta", aseguró su hija.

Este día la familia acudirá a una misa que se oficiará en su honor. La ceremonia será privada, y en un lugar que no fue revelado, para seguridad y tranquilidad de ellos.

FOTO: Especial

AGUSTÍN MARTÍNEZ