FRANCISCO ZÚÑIGA ESQUIVEL
16 de abril de 2015 / 09:38 p.m.

Monterrey.- En busca de su perro que se lo llevó la perrera municipal, Pancho salió de su casa cargando sólo su inocencia y su deseo de ver nuevamente a su amigo canino. Y se perdió.

Durante 15 días, anduvo caminando, comiendo seguramente lo que hallaba en la basura, sin poder comunicarse con nadie porque no sabe hablar. Volvió dos semanas después, cuando su hermano se lo topó por puro milagro, allá por la central de Autobuses, muy lejos de su casa, en la colonia Virginia Tafich, de Santa Catarina.

Estaba hambriento, en harapos y sucio de pies a cabeza.

Pancho es un niño grande. Su madre lo deja en casa para irse a trabajar, y él se entretiene con sus monitos y su única compañía, que son dos perros, la "Lety" y el "Mohamed".

Pancho y su madre, María Dolores González Cuéllar viven sobre la calle Sierra Huichola, en la colonia Virginia Tafich, en un cuartito que le presta un hermano de la mujer.

El joven tiene retraso mental, no puede salir, y los perros son sus amigos y juguetes.

Algún vecino denunció que el Mohamed, un perro color chocolate, se escapó de la casa y lo denuncio a la perrera.

Pancho se volvió un mar de llanto y tristeza, y un día que su mamá se fue a trabajar, salió a buscarlo. Fue cuando se extravió, pues aunque tiene 28 años, su edad mental le impide tener conciencia de cómo volver a su hogar.

Por 15 días, la señora Dolores lo buscó por todos lados. En su trabajo le ayudaron a hacer carteles para pregonarlo, pero no aparecía. Casi había perdido la esperanza, cuando el pasado miércoles, el hermano menor de Pancho, José Alonso, lo escuchó gritar mientras iba en el camion, en Colón, a la altura de la Central de Autobuses.

¿Qué vivió y sufrió Pancho en estos 15 días? ¿Quién le ayudó con un mendrugo de pan? ¿Cuánto miedo sentiría en las noches, solo en las calles oscuras y desconocidas?

Nadie lo sabe, y quizá ni él, porque no puede contarlo.

Y como ya está de nuevo con su amigo Mohamed y sus monitos luchadores, él, como el niño atrapado en un cuerpo adulto que es, otra vez es feliz.