AGUSTÍN MARTÍNEZ
3 de septiembre de 2015 / 12:24 p.m.

Monterrey.- A 12 horas de que recibiera un disparo en la cadera cuando se dirigía a la secundaria, la menor Arleth Yamileth fue dada de alta del Hospital Universitario y regresó a su domicilio.

Los médicos la declararon fuera de peligro, aunque le dejaron alojado el proyectil en el glúteo derecho, al considerar innecesario y hasta cierto punto riesgoso intentar extraerlo mediante una cirugía.

“Sí, ella ya está con nosotros aquí en la casa. Nos dijeron que la bala no se la sacaron. No se la sacaron y quedó en un glúteo. La dieron de alta y como a las 6:00 de la mañana (del miércoles) llegamos a la casa”, expresó Marlene Méndez, tía de la adolescente.

Arleth Yamileth Méndez Ruiz, de 13 años, estudia primer año de secundaria y habita en la colonia Primero de Mayo, al norte de Monterrey.

La tarde del martes después de las 17:30 horas la joven caminaba por la calle Minería, en Fomerrey 106, para encontrarse con una amiga e irse juntas a la escuela, pues estudian en el turno nocturno en la colonia Gloria Mendiola.

Pero repentinamente varios jóvenes, integrantes de la pandilla “Los Plebes” comenzaron a agredirlas verbalmente y luego con el arma de fuego.

“Pues nomás, ella iba a la secundaria y de repente llegaron y le dijeron muchas maldiciones. Ella les contestó y luego nada más sintió cuando le dieron el balazo”, recalcó el familiar.

La menor les pidió ayuda a varias personas y caminó hasta la casa de una tía que habita en la avenida Rodrigo Gómez cerca, en la colonia Aquiles Serdán.

“Llegaron y nos dijeron que la habían balaceado. La llevaron unos amigos. Rápido la llevamos al hospital de Tierra y Libertad, pero ahí nos dijeron que la lleváramos al Hospital Civil”, agregó Marlene Méndez.

Finalmente la joven fue dada de alta y regresó a casa. No presenta complicaciones aunque deberá guardar reposo durante algunos días.

Hasta el momento las autoridades policíacas investigan estos hechos y tratan de identificar al hombre que la agredió con el arma de fuego.

La propia estudiante de secundaria y sus familiares sienten temor de que los pandilleros vuelvan a causarles molestias o ataques físicos, pues  en esa zona nadie ha podido controlarlos.