ZYNTIA VANEGAS
31 de julio de 2015 / 09:56 a.m.

Monterrey.- Luego de despedirse de sus hijos para partir a Mazapil, Zacatecas, la señora Gregoria Chávez Celestino, de 74 años, regresó tres veces a su casa porque el camión no llegaba a recógelas en el punto de partirían.

"Salió de aquí como a las siete de la mañana y luego se devolvió tres veces porque aquí en Aztlán los iba a esperar el autobús y no llegaba. Yo tuve una vuelta a la avenida, eran como las nueve y le dije: ¿todavía andas aquí madre?, ya no vayas, y dijo, sí, ya me voy y fue lo último que hablé con ella", indicó Luis Manuel Chávez, hijo de la víctima.

Estas fueron las últimas palabras que escuchó Luis Manuel, quien horas después se enteró de lo que sucedió por televisión y salió rumbo a Zacatecas para ir por su madre.

Aunque por años ha trabajado en servicios funerarios, en esta ocasión tuvo que identificar el cuerpo de su madre entre muchas otras personas sin vida.

"Llegamos como a las tres de la mañana y de la Presidencia (municipal) nos mandaron a un auditorio y los tenían embolsados arriba de unas mesas, ahí la tuve que identificar", narra el hombre.

Según le platican su madre iba en medio de la peregrinación, pero el camión cayó encima de ella y el resto de los afectados.

El apoyo ha sido nulo, sólo transportaron el cuerpo, pero el resto ha sido a cargo de la familia, quienes la velan en la sala de la casa ubicada en la colonia San Martín, desde la cuatro del tarde de este jueves.

"Nada más el traslado y una caja demasiado económica yo tuve que gastar para darle un ataúd más decente para mi mamá nada más nos entregó la papelería y que dios nos ayude", comparte.

La familia tendrá que pagar los servicios funerarios porque nadie se ha acercado apoyarlos ni de Zacatecas ni del gobierno de Nuevo León, piden que alguien pague por esto ya que Luis asegura que el chofer tuvo oportunidad de salir antes de tomar esta calle donde sucedió el accidente.

Doña Gregoria era una mujer devota que desde hace 15 años acudía a estas fiestas patronales por lo que sus vecinos y familia saben que ya tenía un lugar ganado en el cielo.