11 de septiembre de 2014 / 02:01 p.m.

García.- Fueron dos horas las que tomó a los peritos llegar al fondo de la tumba y extraer la caja con los restos de quien presuntamente es Brenda Damaris González Solís.

Pasarán al menos tres meses antes de saber si se trata de la hija de Juany y Antonio; primero, una pequeña parte de los huesos y molares deberá emprender un camino hacia Perú, al laboratorio del Equipo Peruano de Antropología Forense, y de ahí a la ciudad de Washington D.C., a las instalaciones de Bodie Techologies, donde se harán las pruebas finales.

Franco Mora, líder de este equipo, se convertirá en el custodio de los restos durante el viaje, y a ellos les corresponderá dar la noticia que puede convertirse en el principio o el fin del camino de la familia González Solís.

Él ya conoce el procedimiento; ha hecho este tipo de labores en Perú, Colombia y África, y en México fue uno de los integrantes del equipo de búsqueda de los restos de Rosendo Radilla.

Brenda Damaris es una joven más de las desaparecidas en el estado de Nuevo León. El 31 de agosto de 2011 tuvo un accidente de tránsito en el municipio de Santa Catarina, tras el cual llamó a sus padres, siendo aquella la última vez que escucharon su voz.

Hacia octubre de 2012, Juany Solís recibió la llamada. En la morgue habrían encontrado restos de su hija, revueltos con el de otra persona del sexo masculino.

Integrantes de la Procuraduría de Justicia del Estado (PGJE) hicieron la entrega de 116 fragmentos óseos.

"No abran la bolsa, incineren los restos y no hagan un funeral", fue la orden que le dieron a la familia.

La antigüedad de los huesos es por lo menos 11 meses anterior a la desaparición de Brenda Dámaris, las ropas no coincidían con las que traía puestas, y no hubo un dictamen que estableciera las causas de muerte. Estas son algunas de las motivaciones de la familia para solicitar una segunda prueba de ADN.

Piden opiniones técnicas que afirman que existe duda razonable, así que la Procuraduría accede a un nuevo cotejo, siempre y cuando la familia corra con los gastos, por lo que es necesario buscar apoyos.

Casi dos años después están de nuevo frente a la tumba y una cruz celeste sin nombre en el panteón de Santo Cristo, sobre el camino a Icamole.

El inicio de la diligencia tarda una hora más de lo programado, el oficio tiene datos incorrectos, el número de lote no coincide y el funcionario de la Secretaría de Salud, único capacitado para dar fe de la exhumación, ha sido mandado por error a otro panteón por la PGJE.

Además, el documento dice que el cuerpo a exhumar fue enterrado como "no nombre" y ubica el lugar de fallecimiento en "domicilio propio"; las irregularidades siguen sumándose.

El termómetro oscila entre los 30 y los 32 grados pero la sensación térmica es mucho mayor; no hay un sólo árbol en el panteón y el nutrido grupo de periodistas y activistas atraen a un buen número de espectadores.

La organización Fuerzas Unidad por Nuestros Desaparecidos de Nuevo León (Fundenl) hace un pronunciamiento, explicando las condiciones en las que se da este caso, único a nivel nacional, y destacando el apoyo que han recibido por parte de la organización Gobernanza Mexicana.

Reconocen la voluntad de las autoridades para realizar esta prueba y anuncian la creación de nuevo banco de información genética realizado por ciudadanos.

Juany y su esposo esperan al lado de una hermana y un hermano de Brenda Damaris, y cobijados por el resto de los integrantes de Fundenl.

"Si es mi hija, ya tendré la certeza; si no lo es, debo seguir buscando", dice la mujer tras unas enormes gafas oscuras, y se sienta en un banco de plástico a ver cómo los peritos van a sacando poco a poco la tierra de la modesta fosa.

La familia tiene confianza en los resultados del análisis, pues la empresa que los realizará fue la encargada de hacer la identificación de las víctimas del 9-11. Pero sobre todo, lo que desean es terminar con la incertidumbre.

Mientras, como desde hace tres años, esperan.

FOTO: Roberto Alanís

DANIELA MENDOZA / MILENIO DIGITAL