6 de marzo de 2014 / 12:01 a.m.

Juan Alberto Tello Díaz, de 38 años, estaba descansando en su humilde vivienda que él construyó desde hace varios años.

Monterrey.- En la calle se quedó un hombre luego de que un aparente corto circuito terminó con su tejaban, en el cual vivía sólo con sus perritos, tres de los cuales murieron, en las faldas del cerro de La Silla, al sur de Monterrey.

Para los cuerpos de auxilio, el llegar hasta las calles Valle Alegre y Carlota Vargas, en la colonia San Ángel Sur, fue, es y será toda una odisea por lo difícil del acceso y los trabajos que desde hace meses está realizando Agua y Drenaje, estorbando la vialidad.

Juan Alberto Tello Díaz, de 38 años, estaba descansando en su humilde vivienda que él construyó desde hace varios años.

Con su primera esposa tuvo varios hijos, se separó de ella y se juntó con una joven, pero ella se retiró.

Lámina por lámina, madera tras madera, Juan Alberto fue haciendo su tejaban. 

Él es fontanero, dice que sabe hacer de todo, es decir: plomero, albañil, electricidad, lo que le pongan y al verse sólo, decidió quedarse con su perrita "La Chicharra", que hace unos meses tuvo sus cachorritos, de los cuales le sobrevivían tres.

Pero la mañana de este miércoles comenzó a oler a hule quemado, luego al mover un sillón, salió la lumbre y esta se propagó.

"Yo vivo solo con mis perritos, pero de repente creo que fue un corto circuito por los cables que tengo, que comencé a oler a hule quemado, después se vino toda la lumbre cuando moví el sillón.

"No pude hacer nada, comenzó a quemarse todo, me quedé nada más con lo que traigo puesto", expresó triste el joven.

Y lo peor del caso, vecinos denunciaron la falta de agua en la zona, porque desde hace cuatro meses, Agua y Drenaje está realizando los trabajos de introducción de tubería, pero van a paso muy lento.

Por lo que urgieron a las autoridades a brindarles cuando menos algunas pipas.

Lo cierto es que elementos de Bomberos Nuevo León, Protección Civil de Monterrey y del Estado llegaron a tiempo, también la Fuerza Civil, pero el siniestro estaba hacia muy arriba de la colonia.

Cuando llegaron, las llamas habían acabado con la casa de Tello Díaz, quien sólo miraba el humo y luego las cenizas, además de los tres perritos que murieron quemados.

La necesidad ha hecho que muchas familias vivan los cerros, pero cuando hay una contingencia es cuando más sufren.

Peor aún, Juan Alberto no tiene ni teléfono para que le hablen y recibir la ayuda, por lo que está en la incertidumbre de cómo va a volver a construir su humilde hogar.

IRAM OVIEDO