AGUSTÍN MARTÍNEZ
24 de julio de 2015 / 07:18 p. m.

Monterrey.- Al ahogarse en el río Pesquería, en García, Nuevo León, Jonathan dejó en el desamparo a sus dos pequeños hijos: un niño de seis años y una niña de cuatro.

El joven se ganaba la vida recolectando desechos y materiales reciclables en un carretón, el cual tenía que rentar para poder mantener a sus hijos, aunque él estaba separado de su esposa.

En estos momentos, sus familiares y vecinos de la colonia Francisco Villa, lamentan el incidente que acabó con su vida.

“Muy doloroso enterarnos de esta tragedia. No la esperábamos. Fue algo muy desastroso; algo que no sabíamos que iba a pasar”, expresó, sumamente afligida, la señora Graciela Vallejo, tía de la víctima.

Jonathan Vallejo Rodríguez, de 23 años, habitaba en la calle Orestes Pereira, casi esquina con Manuel Banda, en el citado asentamiento del norponiente de Monterrey.

Sus seres queridos, entre ellos sus padres y su único hermano, comenzaron a velar el cuerpo en la vivienda de otro familiar, a cuatro calles de su casa.

Al ser de escasos recursos, las personas enfrentaron serias dificultades para llevar a cabo los funerales, y esperan realizar el sepelio este sábado en el panteón municipal San Jorge.

Los deudos dijeron esperar que las autoridades desahoguen las investigaciones pertinentes y en su momento determinen como ocurrió esa tragedia.

“Simplemente yo sé que fue a lo mejor un accidente, o no sé lo que le pasó. No me lo puedo explicar, pero sólo Dios sabe. Sólo Dios sabe y hay que dejarlo al tiempo”, recalcó la señora.

El jueves por la tarde, Jonathan y tres amigos, entre ellos una mujer, decidieron acudir a pasear al río Pesquería, en García, Nuevo León.

Llegaron a pie por la colonia Valle de Lincoln y se internaron en el monte, a las orillas del río, cerca de las calles Camino a San José y Minería.

De pronto el joven se introdujo al agua con la intención de refrescarse, escogiendo un área donde se localiza una especie de represa y una pequeña cascada.

Antes de meterse al afluente les dijo a sus acompañantes que era el mejor nadador del mundo, dejando entrever que su único deseo era disfrutar del paseo a plenitud.

Sus amigos lo vieron cuando manoteaba, mientras se hundía y volvía a emerger, pero no le dieron importancia porque creyeron que estaba jugando o bromeando.

Instantes después ya no lo vieron y decidieron tratar de ayudarlo, pero debido a que no saben nadar, determinaron ir en busca de ayuda, pero todo fue en vano.