21 de diciembre de 2014 / 06:54 p.m.

Bogotá.- El acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las guerrillas de las FARC, es la gran esperanza para el 2015 de la mayoría de los colombianos que llevan más de 50 años viviendo este conflicto armado, que ha dejado cerca de siete millones de víctimas.

El sentimiento de esperanza colectiva en Colombia se reforzó este 20 de diciembre cuando las guerrillas de las FARC decretaron un cese al fuego y de hostilidades indefinido, lo que fue interpretado por diferentes sectores como un gesto que convierte en irreversible los diálogos de paz con el gobierno colombiano.

El gobierno de Juan Manuel Santos y las guerrillas de las FARC, negocian desde noviembre del 2012 una salida política para poner fin a más de 50 años de guerra interna que ha dejado cerca de 300 mil muertos y unos siete millones de víctimas, entre desplazados, despojados de tierra y desaparecidos.

Un pacto para silenciar los fusiles, frenar el horror del secuestro en las profundidades de la selva, acabar con las masacres y las ejecuciones extrajudiciales a los opositores al sistema, a quienes ideológicamente están en la orilla de la izquierda.

Los negociadores del gobierno y de las FARC en la Habana, son conscientes que el acuerdo del fin del conflicto que se logre firmar en La Habana, no es la paz en sí misma, es el primer paso estratégico para lograr construir en una fase de post-conflicto una paz duradera, sostenible sobre la base de la justicia, el perdón y la reconciliación.

En dos años de negociaciones, en medio de la confrontación armada, las partes han logrado acuerdos parciales en asuntos como: Desarrollo Agrario Integral, que es donde están las principales raíces de fondo del conflicto armado interno colombiano que tiene sus orígenes en la llamada época de la violencia entre Liberales y Conservadores (1948- 1958).

Otro punto en el que hay acuerdo es el de la participación política, que permite abrir espacios democráticos a la oposición y en particular a los integrantes de las FARC, una vez entreguen las armas y se incorporen a la vida civil.

El tema de las drogas, que es crucial en el conflicto armado colombiano, fue objeto de discusión y acuerdo entre las partes para luchar de manera integral contra este flagelo que azota no solo a la sociedad colombiana sino al mundo en general.

Las partes acordaron que el tráfico de estupefacientes será perseguido, combatido y judicializado, de tal forma que las actividades delictivas de la mafia dedicada a esto sean prevenidas.

También se investigará sobre la participación de organismos oficiales en actos como lavado de dinero y encubrimiento a los criminales, según el documento difundido por los negociadores de ambas partes.

En el 2014 finalizaron las rondas de negociación con sesiones con víctimas del conflicto, que por primera vez se miraron a los ojos y estrecharon las manos de sus victimarios.

En este primer ejercicio participaron 60 delegados de víctimas de la guerra, que llevaron la voz de los ex secuestrados por las FARC, familiares de ejecuciones extrajudiciales por parte de los organismos de seguridad del Estado y los sobrevivientes de las masacres de los ultraderechistas grupos paramilitares.

Gobierno e insurgencia -por separado- manifestaron que el reto para el 2015 es lograr avanzar en puntos claves y complejos para el acuerdo final como son: Justicia transicional que garantice la verdad, el perdón entre víctimas y victimarios, cese al fuego y de hostilidades bilateral y dejación de las armas.

En este contexto, el gobierno colombiano aspira que el acuerdo de fin del conflicto lo puedan refrendar los colombianos en las elecciones regionales de octubre, cuando se abren las urnas para elegir gobernadores, alcaldes, concejales y diputados regionales.

Pero para que los acuerdos se puedan refrendar en octubre del 2015, estos tienen que ser firmados por las partes a más tardar en mayo del 2015, para que se pueda ajustar al calendario electoral.

FOTO Y TEXTO: NOTIMEX