CRÓNICA POR JAVIER CONDE Y CAROLINA RIVERA
4 de agosto de 2013 / 04:21 p.m.

Huamantla, Tlaxcala • Vestido de azul rey, el alcalde electo de Apizaco, Rafael Ortega, toreó la primera corrida de su despedida como matador de toros en la plaza La Taurina, dentro de la feria del municipio de Huamantla, en la cual cortó dos orejas y rabo.

Después de todo, el apizaquense escuchó, en lo taurino, aplausos, rechiflas y Las Golondrinas; en lo político, la libró, no hubo protestas, como se manejó en la opinión pública la última semana.

En una plaza que registró tres cuartos de entrada, el torero lidió al primero de la ganadería de Manuel de Haro, llamado Busca Vida, de 458 kilogramos de peso y al que le dio varios pases que despertaron sentimientos encontrados de la afición.

En los tendidos había una lona que decía: “Rafael... Que Dios te dé suerte en tu nueva faena”; en otra se leía: “Suerte Rafa... Tus amigos de Huamantla”. Empero, en el resto del graderío nunca aparecieron mantas o señales de inconformidad.

Incluso en la entrada de la plaza, la empresa que organizó el festejo taurino colocó cartulinas que decían: “Se prohíbe introducir, exhibir o portar cualquier tipo de propaganda política de cualquier partido”.

Lo cierto es que esta tarde de toros se convirtió en la pasarela de políticos de PRI, PAN, PRD y hasta del Partido Alianza Ciudadana —considerado la franquicia política del ex gobernador panista Héctor Ortiz.

A cada minuto la expectación fue creciendo y más cuando al torero priista estuvo a punto de cogerlo el burel en el momento que decidió colocar las banderillas. Ortega estuvo voluntarioso pero el astado de la ganadería tlaxcalteca no tuvo bravura.

En su segundo toro, de nombre Canta Mañana, de 468 kilogramos de peso, colocó los tres pares de banderillas, dio pases largos y pausados e hizo una tanda de verónicas frente a un toro, también, sin bravura.

El segundo astado se lo brindó al alcalde electo de Huamantla, Alejandro Aguilar López, quien le brindó su hogar para enfundarse en el traje de luces de color azul. Una y otra vez, el político torero, cuyo triunfo en Apizaco fue impugnado por el PAN, mostró valentía.

En diversos puntos del coso hubo filtros de seguridad para evitar protestas de carácter político; lo anterior, derivado del conflicto postelectoral que vive la ciudad rielera donde el priísta ganó con una diferencia de siete votos.

A lo largo de su lidia escuchó Las Golondrinas, interpretadas por un mariachi que también tocó paso doble una y otra vez.

Ortega colocó la espada a fondo en el burel, lo que le valió que el juez de plaza le otorgara orejas y rabo.

Para los expertos en el mundo de la tauromaquia no se merecía dicho tributo; sin embargo, el priista salió en hombros de La Taurina y fue llevado a la casa del presidente municipal electo de Huamantla, Alejandro Aguilar, donde hubo una cena privada.

La llegada

En medio de medidas de seguridad, el torero de Apizaco ingresó a pie por la puerta principal de la plaza de toros, donde trabajadores al servicio del PRI lo resguardaron para evitar ser insultado, contrario a lo que hicieron los matadores Jerónimo y el español Sergio Aguilar.

En entrevista, Ortega dijo que fue una tarde de nostalgia, la última que lidiará en Huamantla y agradeció a sus adversarios políticos de no haber realizado protesta alguna.

Finalmente, señaló que el haberse vestido de azul no era un mensaje político-subliminal sino que es un color que le gusta siempre vestirlo, al tiempo que dedicó su triunfo en el ruedo a su familia y a la afición taurina.