27 de enero de 2014 / 07:16 p.m.

RIO DE JANEIRO.- Hace un año, las autoridades prometieron que los brasileños nunca más volverían a ser testigos del horror que padecieron 242 jóvenes que murieron asfixiados por el humo tóxico que se esparció en una discoteca, cuya arquitectura parecía un bunker sin ventanas ni salidas de emergencia.

Pero ahora que Brasil conmemora el primer aniversario del mortal incendio ocurrido en la discoteca Kiss, ni el gobierno federal, estatal o local han tomado medidas concretas para mejorar la seguridad en caso de que ocurra otro incendio en estos lugares de esparcimiento o para hacer cumplir las medidas y reglamentaciones que existen y están vigentes en todo el país.

La inacción gubernamental ha avivado los temores de que otra tragedia similar ocurra cuando propios y extranjeros invadan los clubes nocturnos brasileros durante la Copa Mundo, que sube su telón en junio y que se celebrará en doce ciudades distantes una de la otra.

"Lo que mató a esos chicos en esa discoteca fue nuestra cultura, nuestra cultura que no le gusta obedecer la ley", dijo Luciano Favero, un especialista en prevención de incendios del estado de Río Grande do Sul, donde ocurrió el incendio de la discoteca Kiss. "Brasil es un país que reacciona, no un país que prevenga".

Hacia las 2:30 de la madrugada del 27 de enero de 2013 la espuma instalada en el techo de la discoteca, y que aísla el sonido, se incendió cuando el lugar se encontraba abarrotado de jóvenes en la ciudad universitaria de Santa María.

El incendio fue provocado cuando el vocalista de la banda de música regional, que estaba en el escenario, encendió una luz de bengala como parte del espectáculo pirotécnico de la agrupación, algo que está prohibido en recintos cerrados.

Los investigadores de la conflagración dijeron que al quemarse la espuma se liberó cianuro, monóxido de carbono y dióxido de carbono que rápidamente mató a los universitarios que estaban divirtiéndose.

Al iniciarse las llamas, cientos de jóvenes salieron en estampida y muchos de ellos se atoraron en una sola fila que daba a las cuatro puertas que servían de entrada y salida del lugar. Fuera de los 242 muertos, 630 personas resultaron heridas y alrededor de 90 de ellas todavía enfrentan graves problemas de salud debido a la inhalación del humo tóxico.

Pese a que los resultados de una investigación concluyeron que el humo que salió de la espuma utilizada para insonorizar el lugar fue el causante de las muertes, las autoridades consideran que su uso continúa siendo legal.

AP