22 de enero de 2015 / 09:24 p.m.

El portugués Pedro Proença, que arbitró la final de la Eurocopa del 2012 entre a España y Italia (4-0) y la de la Liga de Campeones ese mismo año, entre el Bayern de Múnich y el Chelsea, anunció su retirada del fútbol profesional.

Después de 16 años de carrera, Proença (Lisboa, 1970) justificó su jubilación del balompié de elite por "desgaste de una actividad tan exigente físicamente" y por haber alcanzado "los objetivos y metas" que se había propuesto.

Considerado uno de los colegiados más prestigiosos de Europa en el último lustro, el árbitro anunció su decisión en la sede de la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) en Lisboa, entre numerosos dirigentes.

"Logré un nivel único que me enorgullece mucho (...) fui un privilegiado", dijo Proença, quien, desde 1998, arbitró 370 partidos, 101 de ellos internacionales.

Su mejor año fue 2012, cuando arbitró la final de la Europa y la de la 'Champions" y la Federación Internacional de la Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) decidió nombrarle mejor colegiado del 2012.

Consultor financiero de profesión, Proença pitó en las fases finales del Euro 2012, la Copa de las Confederaciones de 2013, del Mundial de Brasil de 2014 y en el pasado Mundial de Clubes de 2014.

En el torneo de Brasil, tuvo, sin embargo, una discutida actuación por el dudoso penalti que señaló a favor de Holanda en el descuento que acabó por apear a México (2-1) en los octavos de final.

Estaba destinado a arbitrar la final del Mundial de Clubes, entre el Real Madrid y el San Lorenzo argentino, pero éste último club le vetó por, supuestamente, ser compatriota de varios jugadores del Real Madrid, como Cristiano Ronaldo o Pepe.

Proença, al que atribuyen buenas relaciones con José Mourinho, entrenador portugués del Chelsea, tuvo que contentarse en arbitrar el tercer y cuarto puesto entre el mexicano Cruz Azul y el australiano Auckland City.

En agosto de 2011, vivió un traumático episodio, cuando un hincha del Benfica -club de la infancia del árbitro- le partió dos dientes al darle un cabezazo en un centro comercial.

AGENCIAS