19 de enero de 2013 / 04:53 p.m.

México  Por dos décadas ha sido el tótem. Una estatua con puño de hierro, pistola al cinto y lentes Ray Ban polarizados. El imán antimigrante que atraía y parecía regocijarse en los odios y temores de la comunidad hispana. Pero a sus 80 años, bajo el asedio de los medios y la sociedad civil, ya sin fondos federales y múltiples demandas judiciales encima, Joe Arpaio, el sheriff de Maricopa, ha dejado de ser la principal preocupación para los mexicanos en Arizona.

A lo que se teme ahora es a algo más pernicioso. A su herencia cultural y a la aceptación por parte de la sociedad del estado de que las cosas simplemente son así y no pueden cambiarse.

“El problema es que aquí se institucionalizó la política de división racial. Esto va más allá de hombres. Es la instauración del apartheid”, dijo Salvador Reza, dirigente del movimiento migrante Tonatierra de Phoenix. “Ahora el temor se ha vuelto parte de la vida cotidiana, con todos actuando bajo el entendido de que nos pueden detener en cualquier momento: en la tienda, en el restaurante, si te denuncian, si te paran en la calle…”

La policía de Tempe. Las de Scottsdale y Glendale. También las de Phoenix y Mesa, además del Departamento de Seguridad Pública Estatal: a tres años de la entrada en vigor de la Ley SB1070, todas las fuerzas policiacas arizonenses participan en la aplicación de programas migratorios, revisando los antecedentes de cualquier persona en colaboración con el Departamento de Seguridad Interna. Todo policía es un migra. Ya no solo los muchachos de Arpaio.

Son pocas las estadísticas oficiales sobre el papel que juegan los locales en tareas migratorias, pero Carlos Galindo, locutor hispano al que se conoce como El Toro de la Mañana, y que es una de las voces más polémicas y escuchadas por los latinos en el estado, estima que, silenciosamente, entre los departamentos de Mesa y Phoenix detuvieron y procesaron para deportación a más de 10 mil mexicanos en el último año. Son cifras similares a las de Arpaio, que con mucho más ruido tuvo a unos 11 mil detenidos, de acuerdo a datos del consulado de México.

Desde 2009, el DHS estima que la población de indocumentados se redujo en 100 mil personas, una tarea en la que influyó el trabajo de las autoridades locales.

Galindo coincide en que, tras la ofensiva que ha lanzado el presidente Barack Obama en su contra, Arpaio ya no es el tema en Arizona. Pero luego de la aprobación de la Ley SB1070 en 2010, el asunto es la multiplicación de policías que ejercen, obligados o no, su doctrina de mano dura.

“Arpaio ya no es el mismo de hace unos años. Hoy lo veo desesperado, tratando de convertirse de nuevo en esa figura que todos temían. Pero creo que ha entrado ya en su declive. El gobierno federal lo tiene en las cortes, le han quitado los apoyos económicos de varios programas y en un futuro podrían hasta obligarlo a retirarse a cambio de no procesarlo. Lo preocupante es lo que están haciendo las otras policías, las que supuestamente son amigas de los hispanos. Esas son las que mantienen una guerra de desgaste”, dijo Galindo.

Solo la policía de Scottsdale, una ciudad incorporada a Phoenix, accedió a revelar a MILENIO sus estadísticas de mexicanos detenidos, mientras que Mesa, Glendale, Tempe y Phoenix refirieron cualquier consulta al Buró de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Pero en lo que toca a ese suburbio, entre 2009 y 2012 un total de mil 837 mexicanos fueron entregados al gobierno federal para su expulsión del país.

Las cifras destacan aún más cuando se toma en cuenta el contexto de Scottsdale, en donde 90 por ciento de la población es blanca y casi no hay migrantes, a diferencia de otras partes de Phoenix, que están fuertemente mexicanizadas. Pero si dos mil mexicanos fueron detenidos en ese suburbio —que con sus tiendas fashion y sus hoteles de cinco estrellas es llamado el Beverly Hills del desierto— ¿qué está pasando en el resto de la ciudad?

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La gente comienza a llegar a la modesta casa de tres habitaciones a eso de las 7 de la noche. Algunos llevan comida y otros cargan con papelería, como si se tratara de una oficina. Para las 8, unas veinte personas están sentadas revisando la agenda del día, mientras los niños juegan en el piso. “Tenemos que marchar por esta calle”, propone una mujer. “Pero hay que imprimir los folletos”, replica otra. “Podemos enviar correos electrónicos”, tercia un hombre.

Este es un encuentro del capítulo “Centro” de los Comités de Defensa del Barrio, una iniciativa de autodefensa de la comunidad mexicana que surgió en 2010 a raíz de las constantes redadas de Arpaio. Hasta ahora, se han creado 10 grupos similares, en los que unas 700 familias —documentadas e indocumentadas— se unen para enfrentar, en conjunto, el embate del Estado.

Reza es una de las mentes maestras detrás de su concepción. “A los movimientos de izquierda por toda América Latina los decapitaron. Por eso, aprendimos a organizarnos de forma horizontal. Si detienen a uno de nosotros, no pueden afectar al movimiento”, explica.

Queda a la luz que Arpaio, y después la SB1070, crearon un anticuerpo. Disciplinadamente, los Comités de Defensa del Barrio (CDB) se reúnen una vez a la semana para analizar los más recientes incidentes, contar las detenciones y deportaciones de sus miembros, y compartir nuevas estrategias de resistencia.

Por ejemplo, un integrante versado en leyes aprendió que se puede grabar a los alguaciles durante una detención si no se le acerca a más de 5 metros de distancia. Desde entonces, los videos de policías deteniendo a migrantes se han multiplicado. Mil ojos que suben, continuamente, imágenes de abusos policíacos a Youtube.

De los encuentros también ha ido surgiendo un extenso acervo de multas de tránsito. “Usan mucho las multas para atosigar a la comunidad. Es como en Alabama en los sesenta. Ahí, si eras negro te podían parar en cualquier momento. Acá, si eres moreno, te pasa lo mismo”, dijo Silvia Herrera, directora de la Escuela Esperanza, un proyecto que desde hace 7 años se dedica a la enseñanza de indocumentados en Phoenix.

Algunas de las multas eran por razones que, a primera vista, se antojaban en exceso rígidas: “Le falta luz en la placa trasera” y “bloqueó el tráfico por un minuto”. Pero eso ha dado pie a uno de los éxitos de los Comités de Defensa del Barrio.

Tras revisar las multas que estaban acumulándose entre la comunidad en un suburbio al norte de Phoenix, descubrieron que el grueso de ellas estaban firmadas por los oficiales “R. Graham” y “E.J. Ryder”. Organizados, los comités presentaron quejas formales ante el Departamento de Policía de Phoenix, por lo que consideraban era el uso constante de perfil racial.

Ambos oficiales fueron transferidos a otras calles.

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Lo que se podría definir como la institucionalización del arpaismo está ahí, a la luz del día. Los migrantes han dejado de usar una de las principales calles de la ciudad, la vía Camelback Road, porque ahí están basadas varias patrullas a las que se les da eso de detener primero y preguntar después.

Y si no se tiene el ID válido o se lleva un número de seguridad social falso, eso en muchos casos significa ir para dentro, a una prisión. Y luego, para afuera.

A México.

— VÍCTOR HUGO MICHEL