21 de mayo de 2013 / 01:27 p.m.

 

ARTICULISTA INVITADO: ERNESTO CORDERO ARROYO. SENADOR DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

 Con estas líneas quisiera hacer un reconocimiento sincero al trabajo de mis compañeras y compañeros senadores del Partido Acción Nacional con los que he tenido el enorme privilegio de sumar esfuerzos. Asimismo, quisiera compartir con la sociedad algunas reflexiones sobre el momento que vive el PAN.

Gracias a la actitud responsable de todos mis compañeros, hemos tenido uno de los mejores inicios de legislatura en el Senado de la República. No solamente es el número de reformas que han sido aprobadas en estos meses, sino el tipo y la trascendencia de las mismas. El Senado se ha consolidado como una institución más eficaz; una institución en la que la pluralidad es sinónimo de diálogo y avance. Por todo ello, reconozco sinceramente la estatura política y la capacidad técnica de todas mis compañeras y compañeros senadores de Acción Nacional. Y, desde luego, este reconocimiento también es para todos los senadores de otras fuerzas políticas que me han acompañado en mis responsabilidades en el Senado de la República.

El resultado de las elecciones federales de 2012 colocó a Acción Nacional en una disyuntiva. El partido podía, por un lado, convertirse en una oposición desleal que centrara sus esfuerzos en obstaculizar toda iniciativa del Ejecutivo. Por el otro lado, el PAN tenía la opción de ser congruente con sus principios, cogobernar de manera responsable y actuar con sensatez, ética política y con rigor técnico para analizar, debatir, mejorar y aprobar aquellas propuestas que realmente ayudaran a México, y que fueran congruentes con lo que el PAN ha venido proponiendo para el desarrollo de nuestro país en los últimos años.

Ese fue el camino que elegimos en el grupo parlamentario del PAN que he tenido el honor de coordinar a lo largo de esta legislatura. Con verdadero talante democrático, los senadores panistas tendimos puentes de diálogo con todos los partidos para discutir de manera franca y abierta las iniciativas de ley que consideramos positivas para nuestro país. Así, votamos a favor de reformas de gran trascendencia como las iniciativas preferentes presentadas en el último tramo del sexenio del presidente Calderón: la reforma laboral y la reforma en materia de contabilidad gubernamental. Y éste también ha sido el caso de muchas otras leyes, como la delavado de dinero y amparo que, estoy seguro, cambiarán para bien el rostro de México. Igualmente hemos debatido y aprobado las dos reformas que se pusieron sobre la mesa en el contexto del Pacto por México: la educativa y la de telecomunicaciones.

Sin embargo, es claro que el hecho de apoyar reformas y leyes que se han negociado con el Ejecutivo y su partido, no significa que el Partido Acción Nacional deba abandonar su papel de crítica al gobierno. En cualquier democracia, el papel de los partidos es señalar fallas, subrayar deficiencias y contener abusos y excesos. Y también proponer alternativas, discutir opciones y fortalecer la toma de decisiones con la crítica y el disenso. Ése es el papel que considero el PAN está obligado a asumir y el espacio por excelencia para hacerlo está en el Poder Legislativo. Es ahí donde está la representación popular. Es ahí donde todos los sectores de nuestra sociedad pueden y deben hacer oír su voz. Y el signo del Poder Legislativo es el de la pluralidad y el disenso que obliga al diálogo, a la inevitable tarea democrática de escuchar posturas distintas y construir puentes entre ellas.

Eso fue lo que hicimos en la bancada panista en el Senado. Y por eso las reformas planteadas hasta ahora en el marco del Pacto por México se discutieron, fortalecieron, mejoraron y aprobaron. No se puede acusar a este grupo parlamentario de ser obstruccionista, de sembrar la discordia o actuar con mala fe. Y por lo mismo no se le puede tratar en tono de discordia ni con mala fe. El PAN requiere un liderazgo responsable, que antes que tratar de quedar bien con los de afuera, fomente el respeto, la concordia y la unidad interna.

Aprobar reformas no obliga al PAN a renunciar a las ideas o principios que enarbola nuestro instituto político o a asumirse como aliado incondicional y acrítico del Ejecutivo. Mucho menos en estos momentos delicados que vive México, en los que la solidez económica que esta administración heredó de los gobiernos panistas comienza a verse erosionada; momentos en los que la violencia se recrudece a pesar de los intentos por eludir y minimizar el problema; momentos en los que la ingobernabilidad se ha apoderado de varias entidades del país y la corrupción y el cinismo vuelven a campear ufanas, celebrando el regreso de México al pasado. No es hora de bajar la guardia. No es hora de darle un cheque en blanco al gobierno. Al contrario: es hora de luchar por México. Es hora de luchar por los logros de los gobiernos democráticos de Acción Nacional, que son logros de todos los mexicanos: estabilidad económica, solidez financiera, políticas sociales apartidistas, transparencia en el gobierno, elecciones libres, cobertura universal en salud, impulso a la educación superior y combate sin dudas ni titubeos contra la delincuencia.

El PAN nunca fue, nunca ha sido y nunca debe convertirse en satélite de gobierno alguno. Hemos trabajado por el avance del país, pero de ahí a plegarnos por completo a los intereses y agendas que no son los nuestros hay una gran diferencia. Ese es un paso hacia el vacío que muchos panistas no estamos dispuestos a dar. Congruencia con los principios, es la clave para que el PAN se fortalezca y asuma con nuevos bríos los retos electorales por venir. Nuestros candidatos necesitan un partido con una plataforma que convenza. Necesitan una oferta política competitiva que le deje claro al ciudadano qué representa el PAN: estabilidad económica, libertad política y gobiernos humanistas. Y en los procesos electorales que están por venir en todo el país apoyaremos a nuestros candidatos desde cualquier trinchera, porque sabemos que están enfrentando valientemente maquinarias clientelares e intereses poderosos.

Al final del día, el PAN es más que la suma de sus partes. Es una institución política fuerte, que ha navegado por las turbulentas aguas de la política mexicana y que ha salido avante ahí donde muchos otros naufragaron. El PAN ha sido voz del ciudadano cuando nadie quería escuchar y defensor de la democracia cuando defender la democracia significaba arriesgar la vida. Muchos son los que han querido verlo dividido, debilitado y derrotado. Pero no lo han logrado, porque no se puede derrotar a una causa que la sociedad mexicana ha abrazado como su destino, y esa es la causa de la libertad política, la causa de la democracia, la causa de un México ordenado y generoso.

Por eso, lo que necesita el PAN hoy más que nunca es recordar que es un partido que ha hecho grandes cosas por México, que sabe gobernar democráticamente y que tiene que comunicar a la ciudadanía cuáles son los avances que México alcanzó en los 12 años que el partido estuvo en la Presidencia. Defender con contundencia sus logros, es lo que hará al PAN más competitivo. Y sobre todo, lo que el PAN necesita hoy más que nunca es que los panistas seamos congruentes con los principios que le dan vida y propósito. En la medida en la que dirigentes y militantes tengamos congruencia con nuestros principios, y actuemos con la dignidad que merece la historia de nuestro partido, el PAN superará cualquier obstáculo y saldrá fortalecido de cualquier desafío.

@ErnestoCordero