1 de febrero de 2015 / 03:26 p.m.

Un episodio de 2000 retrata la forma en que Bill Belichick ha construido un equipo lo más parecido a una de las viejas dinastías de la NFL. En la sexta y última ronda del draft universitario, eligió a un quarterback que había sido titular en Michigan pero que no había acaparado reflectores como otros.

La grabación de abril de ese año muestra a Tom Brady corriendo la prueba de 40 yardas, donde se muestra la velocidad y capacidad atlética de los jugadores de fútbol americano. Su registro fue de 5,28 segundos, similar al que tienen linemen ofensivos o defensivos. Su físico, sin gran volumen muscular, tampoco resultó atractivo para 27 equipos de la liga que lo pasaron por alto, especialmente a los cinco equipos que seleccionaron quarterbacks sin prestarle atención.

Los Jets tomaron a Chad Pennington; los 49ers, el equipo admirado por Brady, seleccionó a Giovanni Carmazzi; los Ravens se fueron con Tee Martin, los Saints prefirieron a Marc Bulger y los Browns optaron por Spergon Wynn. Sólo Pennington tuvo una carrera con cierto éxito en la NFL, los otros son ejemplo de mal estudio de prospectos.

Pero Belichick, recién llegado al cargo tras un día como entrenador de Jets, prefirió una apuesta de bajo riesgo con un jugador regular que en caso de falla no generaría escándalo. A fin de cuentas, el discreto pasador conocido por su dedicación para analizar las grabaciones de los contrarios y su liderazgo tomó el mando cuando fue necesario y ha llevado al equipo a seis Súper Bowls.

Esa ha sido la máxima de Belichick: mientras otros apuestan por los grandes nombres y están dispuestos a pagar millones, como los responsables de las decisiones en Redskins y Raiders, él prefiere jugadores que puedan ejecutar bien una tarea. Por ejemplo, en 2006 tomó a un prometedor receiver llamado Wes Welker y cuando se convirtió en una estrella no dudó en dejarlo ir para remplazarlo con Julian Edelman, que parece cortado por la misma tijera.

Durante 15 años ha hecho eso una y otra vez. En sus alineaciones no abundarán los integrantes del Salón de la Fama pero sí especialistas en ejecutar que le han llevado a ganar 12 títulos divisionales y lograr 13 temporadas ganadoras consecutivas, récords difíciles de igualar.

La otra característica de Belichick, que es paralela a su aparente aversión por los micrófonos y las cámaras, es su insistencia en que sus jugadores tengan bajo perfil, aunque Brady es toda una celebridad que aparece en portadas de revistas y programas de TV.

En 2009, tras una polémica decisión de buscar un primero y 10 en un partido contra los Colts que resultó mal y le costó una derrota, el entrenador colocó un cartel en el que exponía a sus jugadores una especie de credo personal. "a) No creas ni alimentes demasiadas expectativas, b) ignora el ruido c) habla por ti mismo".

La segunda será muy importante ante este Súper Bowl. En medio de un nuevo escándalo tras conocerse que los Patriots usaron balones desinflados en el partido por el campeonato de la conferencia contra Indianápolis, resurgieron los señalamientos de que el club y su responsable gustan de hacer trampas especialmente por el episodio de 2007 en el que se les sorprendió grabando ilegalmente las señales defensivas de sus oponentes.

Aunque perdieron una selección del draft y recibieron una multa por 250.000 dólares (más 500.000 para el entrenador), los Patriots no dejaron de ganar. Pero perdieron los dos Súper Bowls que han disputado desde entonces.

Belichick se enfrenta quizá al mayor reto de su carrera, el que lo podría poner a la altura de leyendas como Chuck Noll, únicos ganador de cuatro campeonatos de la liga. De lograrlo lo hará con la marca de la casa, pocos superestrellas y jugadores consistentes que no hacen caso del escándalo.

AGENCIAS