NOTIMEX
23 de marzo de 2016 / 04:18 p.m.

Bruselas.- Bruselas intenta seguir adelante con la vida un día después del peor atentado terrorista de su historia, entre calles desiertas, sirenas de ambulancias y el ir y venir de los policías.

En las estaciones de tren, que volvieron a abrir la noche del martes, quienes seguían al trabajo compartían miradas grises y muecas de tristeza, mientras hacían una fila para ser revisados por la policía, en una medida de carácter excepcional.

Bajo la vigilancia de militares fuertemente armados, todos los pasajeros eran invitados a abrir bolsos y sacar el contenido de sus maletas.

“No estoy con miedo. Estoy aprehensivo y triste”, comentó a Notimex Jean-Claude Faingnart, quien se dirigía con sus maletas en un tren hasta la estación de Midi.

El traductor de 65 años dijo apreciar el refuerzo en la seguridad, pero expresó sus dudas respecto a que se pueda evitar un nuevo ataque. “Contra terroristas suicidas no hay nada que se pueda hacer”, dijo con resignación.

A Isabelle Nootens, de 55 años, profesora en un colegio con mayoría inmigrante, le costaba comprender: “¿Por qué las escuelas están abiertas hoy, así tan pronto?”.

“Ayer el clima en la clase era muy pesado. Los alumnos tienen internet, estaban siguiendo todo lo que pasaba. Es su ciudad que ha sido atacada. Eso les afecta personalmente”, contó a Notimex.

Las autoridades y los comerciantes alegaron que es importante, tanto a nivel económico como moral y simbólico, no parar esa ciudad de unos 176 mil habitantes, de los cuales cerca de 30 por ciento son extranjeros.

En noviembre pasado, los comerciantes de Bruselas dejaron de ganar cerca de 100 millones de euros (unos 111 millones de dólares) por el cierre general decretado por la alerta máxima por eventuales atentados terrorista.

Pero la población no parece ver con los mismos ojos. Según la ministra de la Educación, Jëlle Milquet, un tercio de los estudiantes no fueron a clases este miércoles y en las tiendas y restaurantes de la capital el movimiento era bajo.

Es como si todos hubieran migrado hacia la Plaza de la Bolsa de Bruselas.

En ese local emblemático en el corazón de la capital, centenares de personas se reúnen desde la víspera para expresar con velas, pancartas, flores, música o silencio su repudio a los atentados y simpatía hacia las víctimas y sus familias.

“Me pareció importante venir a depositar flores y meditar un poco junto a los demás, para darnos fuerza los unos a los otros”, explicó un hombre que no quiso identificarse.

Rue de la Loi, una de las calles más concurridas de Bruselas, amaneció este día bloqueada para seguir con las investigaciones.

Es allí, a pocos metros de la sede de la Comisión Europea y del Consejo Europeo, que se ubica la estación de metro de Maelbeek, donde la tercera explosión del martes destrozó un vagón de metro y quitó la vida a unas 20 personas.

La policía indicó que el perímetro de seguridad establecido deberá mantenerse por una semana para las investigaciones.

Las únicas personas autorizadas a cruzar la línea de seguridad eran empleados de los edificios vecinos a la estación, aún así, luego de identificarse son escoltados por agentes de seguridad.

El aeropuerto internacional de Zaventem, donde el martes murieron al menos 15 personas en dos explosiones, permanecerá cerrado hasta el viernes.

Muchos de los pasajeros que se alistaban para tomar vuelos el martes en el momento de los atentados seguían alojados en un pabellón deportivo a la espera de un nuevo vuelo.

Todavía no se sabe si las investigaciones en la terminal aérea estarán concluidas y si se podrán reparar los daños en el edificio a tiempo para las vacaciones escolares que empiezan el viernes.

Mientras, familiares en búsqueda de allegados desaparecidos empezaban a llegar al hospital militar Reina Astrid, donde se han concentrado a partir de este día información sobre los más de 250 heridos y 31 muertos.

Nerviosos, con rostros descompuestos, pocos aceptaron hablar con la prensa. Celina dejó el local aliviada, tras constatar que el novio de su hermana, Laurens Coussens, de 21 años de edad, está bien de salud y de ánimo.

“Tuvo quemaduras en el rostro, manos y pies, además de una fractura en la pierna”, explicó.

El muchacho apenas había llegado al aeropuerto y buscaba en la pantalla información sobre el vuelo que le llevaría a Suecia, donde vive su novia, cuando ocurrieron las explosiones, a pocos metros de donde se encontraba.

“Me contó que vio luces y luego escuchó el estallido. Logró correr unos 400 metros, entonces colapsó, se quedó inconsciente. Pero está vivo”, resumió Celina.