21 de enero de 2014 / 10:17 p.m.

Jerusalen.- Como Israel está ubicado en una de las zonas del mundo propensas a sufrir terremotos, las autoridades deben tomar medidas para proteger los tesoros antiguos más importantes de Tierra Santa con el fin de impedir que se desmoronen.

Después que una serie de cinco sismos moderados sacudió al país en octubre, los expertos instalaron un sistema de monitoreo sísmico en la Torre de David, uno de los sitios históricos más importantes —y más visibles— de Jerusalén.

El proyecto es el primer intento de Israel de usar este tipo de tecnología para determinar debilidades estructurales en los incontables edificios antiguos esparcidos por Tierra Santa. Sin embargo, los esfuerzos se han visto alentados por la reticencia de las autoridades a declarar públicamente que ciertos sitios son vulnerables, así como la explosiva situación geopolítica que rodea los sitios históricos judíos, cristianos y musulmanes en el corazón del conflicto en Oriente Medio.

"Tenemos que recordar que esto es Tierra Santa", dijo Avi Shapira, director de una comisión nacional que busca fomentar las precauciones en caso de un terremoto. "Tenemos algo de responsabilidad no sólo de conservar los monumentos históricos de nuestro patrimonio personal... sino también para el resto del mundo".

La mayor parte de los sitios históricos de Israel "no han sido verificados", dijo Shapira. "Los tenemos en el mapa, pero aún no los ha visitado un ingeniero".

Israel está ubicado en el punto de fricción de las placas tectónicas africana y árabe, y es propenso a sufrir pequeños sismos. Los movimientos telúricos de octubre no provocaron daños graves, pero sí generaron nerviosismo. A lo largo de la historia, aproximadamente una vez en cada siglo un poderoso terremoto ha sacudido la región y con frecuencia ha dañado sitios antiguos. El último ocurrió en 1927.

La mezquita de Al-Aqsa, el tercer sitio más sagrado del islam, fue destruida por un terremoto poco después de ser construida en el siglo VIII y desde entonces ha sido dañada y reparada en múltiples ocasiones debido a los sismos. El de 1927, que superó los 6 grados de magnitud, dejó cientos de muertos y dañó Al-Aqsa y el templo del Santo Sepulcro, construido sobre el lugar donde se cree que Jesús fue crucificado y sepultado.

Israel lleva años preparándose para otro gran terremoto, pero sus esfuerzos han estado enfocados principalmente en reforzar escuelas, hospitales y edificios de apartamentos, así como en mejorar los estándares de las nuevas construcciones.

El país apenas comienza a revisar sus sitios históricos, y el proceso de evaluación ha resultado delicado.

Los expertos gubernamentales no han publicado ningún hallazgo sobre sitios históricos en riesgo, y se desconoce qué autoridad gubernamental sería la responsable de los sitios en caso de que sean dañados por un terremoto.

El espinoso terreno político ha sido un factor que ha dificultado a las autoridades israelíes efectuar evaluaciones sísmicas en los sitios más venerados, más antiguos y probablemente más vulnerables de la región, dijo un funcionario de la comisión israelí de preparación para terremotos, el cual habló a condición de guardar el anonimato porque carece de autorización para declarar a los medios de comunicación.

AP