6 de octubre de 2014 / 05:32 p.m.

Río de Janeiro- Brasil, que padece un estancamiento económico, se prepara para una segunda vuelta presidencial cuya campaña estará centrada en la gestión económica, por ser Dilma Rousseff y Aécio Neves dos candidatos formados en esa disciplina.

Ambos nacidos en la capital del rico e influyente estado de Minas Gerais, los dos candidatos se esforzarán por convencer al electorado de que son los mejores para impulsar un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

El PIB crecerá este año 0.7 por ciento como mucho y la economía se encuentra en una "recesión técnica" que muchos atribuyen a la política intervencionista y de contención de la inflación de Rousseff, aspirante a la reelección en la segunda vuelta del 26 de octubre.

La media de incremento del PIB en los cuatro años de Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), se situará en torno al 1.75 por ciento anual, un pobre resultado para un país que en el gobierno anterior creció en promedio 4.6 por ciento anual.

Con un superávit primario que en 2014 debe situarse en el 0.9 por ciento del PIB, el principal reto del nuevo jefe de Estado será contener el gasto y encontrar un nuevo equilibrio fiscal.

Rousseff, quien atribuye el bajo crecimiento al mal estado de la economía de los países desarrollados, se niega sin embargo a reducir los programas de ayuda social que han provocado una drástica reducción de la pobreza.

Si en 2004 el 22 por ciento de la población vivía bajo el umbral de la pobreza, en 2012 –el último año disponible- esa cifra fue reducida al 9.0 por ciento, según datos del Banco Mundial.

La mandataria rechaza un ajuste "profundo" de las cuentas públicas y defiende, ante todo, seguir con los programas sociales, mientras aboga por una mejora del escenario internacional para impulsar el desarrollo.

Defensor de un nuevo modelo económico basado en privatizaciones, recorte del gasto y modernizaciones de la economía brasileña, Neves se opone sin embargo al modelo intervencionista en la economía del gobierno de Rousseff.

De ser electo presidente el 26 de octubre, prometió una reforma fiscal amplia, así como medidas para impulsar el crecimiento por medio del estímulo a la industria y de las reformas estructurales para mejorar la competitividad económica de Brasil.

Otro de los temas de divergencia será sin duda el modelo para la petrolera estatal Petrobras.

Rousseff, quien utiliza a la petrolera para contener la inflación, al obligarla a vender gasolina a precios más bajos de los que la importa, no está dispuesta a perder el control de la mayor empresa de esta nación sudamericana.

Neves, sin embargo, podría abrir las puertas a más capital privado en Petrobras y reducir la intervención estatal.

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