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16 de junio de 2016 / 04:34 p.m.

Ciudad del Vaticano .- Artistas de varios circos con sus trajes multicolores y su música invadieron hoy el Aula Pablo VI del Vaticano, donde el Papa Francisco admiró varios números y hasta acarició a un pequeño tigre.

“¡Ustedes hacen grandes cosas! ¡Ustedes son artesanos de la fiesta, de la maravilla!”, exclamó Francisco
en su discurso de saludo a más de cinco mil participantes en la audiencia dedicada a los trabajadores circenses, de ferias y juegos itinerantes.

“(Ustedes) son artesanos de la belleza: con estas cualidades enriquecen la sociedad de todo el mundo, también con la ambición de alimentar sentimientos de esperanza y de confianza”, agregó.

Antes de su discurso, el escenario del auditorio se llenó de música y color con la exhibición de mimos, malabaristas, titiriteros y equilibristas. Francisco siguió cada movimiento divertido y sorprendido.

En un momento se acercó un cachorro de tigre de seis meses que pudo ser llevado gracias a un biberón con leche. Tras ser invitado a acariciar el felino, el Papa, con una sonrisa, se acercó al animal, que primero se asustó y después se dejó tocar el lomo. También le acercaron un cachorrito de pantera negro.

Después, en su mensaje en italiano, aseguró que los artistas alegran a la gente mediante exhibiciones que tienen la capacidad de elevar el ánimo, de mostrar la audacia de ejercicios particularmente difíciles, de fascinar con la maravilla de la belleza y de proponer ocasiones de sana diversión.

“La fiesta y el gozo son signos distintivos de su identidad, de sus profesiones y de su vida, y en el Jubileo de la Misericordia no podía faltar esta cita. Ustedes son un recurso especial: con sus continuos movimientos pueden llevar a todos el amor de Dios, su abrazo y su misericordia”, siguió.

Los felicitó porque muchos de ellos abrieron sus espectáculos a los más necesitados, a los pobres y a los sin techo, a los encarcelados, a los niños con problemas, un gesto que calificó de “misericordia” y capaz de sembrar belleza y alegría en un mundo a veces oscuro y triste.

“Sus espacios de trabajo pueden convertirse en lugares de agregación y de fraternidad. Por eso los animo a ser siempre acogedores hacia los pequeños y necesitados; a ofrecer palabras y gestos de consuelo a quien está cerrado en sí mismo”, dijo.

“Ustedes no pueden imaginar el bien que hacen: un bien que siembra. Ustedes siembran esta semilla, semillas que hacen tanto bien a tanta gente que ustedes, quizás, jamás conocerán. ¡Por esto gracias!”, sentenció.