Rodolfo Montes
12 de junio de 2013 / 01:12 p.m.

México • Regresó el químico. Andrés Granier Melo viajó de Miami a la Ciudad de México en el vuelo 413 de Aeroméxico.

Aseguran que pidió a las sobrecargos del vuelo solo un poco de agua, un tanto para tomar fuerza, otro más para pasar el trago amargo por el que atraviesa desde que su sucesor en la gubernatura de Tabasco, Arturo Núñez, advirtiera que ningún ex funcionario por importante que fuese disfrutaría de “las rentas mal habidas, sino de todo el peso de la ley sin consideración de partido, jerarquía o poder del presunto responsable”.

Por eso todo era expectación ayer en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, tanta, que decenas de curiosos ponían más atención en la sala de llegadas que al insípido juego de futbol entre las selecciones de México y Costa Rica.

El vuelo arribó 18 minutos antes de lo programado. Cuando en las pantallas que registran los vuelos de salidas y llegadas daban cuenta del vuelo de Granier, a las 20:17 horas, nadie quería perder detalle de los pasajeros que iban saliendo a cuentagotas.

Pronto apareció el personaje de esta historia, ataviado con un abrigo gris. Reducido en peso y talla este tabasqueño que el 5 de marzo pasado cumplió 65 años, se topó con una muralla de cámaras y micrófonos.

“Siempre que llega un artista o personaje famoso vienen muchos reporteros, pero no tantos como en esta ocasión”, comentaron los policías federales Mexia y Aguirre.

Todo fue alboroto y en éste se perdió el químico: “¡Calma!”, “¡calma!”, “¡por favor!”, “¡cuidado!”, “¡no empujen!”, pedían lo mismo policías que hombres de traje, algunos de ellos familiares, otros ex colaboradores de Granier Melo.

—¿Cómo se siente, químico?

… “¡Cuidado!”, “¡dejen salir!”, insistían los trajeados y los policías, y los camarógrafos y fotógrafos reviraban: “Pues nomás que nos vea, que nos conteste si no teme ir a la cárcel”.

Y así, entre empellones, sin mirar directo a las lentes de las cámaras, más bien cabizbajo, el priista manifestó: “Señores, yo lo único que tengo que decir es que estoy respetando mi palabra; dije que venía y vengo a hacer las aclaraciones pertinentes; no tengo por qué huir; yo soy una persona que dio lo mejor a Tabasco y estoy dispuesto a aclarar todo lo que sea pertinente para limpiar mi nombre. A eso vengo”.

Luego todo fue empujones, gritos y desesperación de policías y trajeados…, “ya no hay respuestas señores, ya no hay respuestas”, no se cansaba de decir uno de los hombres de Granier Melo.

Pero las preguntas no cejaban. “¿Usted robó dinero?” “¿Usted desfalcó al erario de Tabasco?”...

“Vengo a México a honrar mi palabra; vengo a aclarar porque no tengo nada que ocultar”, apenas respondía cuando masculló a los suyos que se sentía mal hasta que logró alcanzar la salida de la Terminal 2, donde ya lo esperaba una camioneta blanca, la que abordó como pudo y se perdió en el tráfico vehicular en una noche lluviosa, quizá como las que azotaron territorio tabasqueño cuando fue gobernador del edén.