ADRIANA ESTHELA FLORES
12 de julio de 2013 / 01:00 p.m.

México• El reforzamiento del muro entre México y Estados Unidos y de los patrullajes terrestres en la frontera ha provocado que en los últimos años los migrantes busquen el mar como una nueva vía para cruzar hacia el país vecino.

Sin embargo, por esta ruta los migrantes se adentran cada vez más en el Pacífico para evadir a la Guardia Costera y se enfrentan a un nuevo riesgo: ser abandonados en altamar. La ruta preferente es la de Baja California-San Diego.

En esta zona, según estadísticas del Buró de Inmigración y Aduanas, el Comando Marítimo Unido y la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, la detención de migrantes aumentó de 230 en 2008, a 779 en 2012.

Los migrantes creen que esta travesía es más segura que por tierra, y por ello se aventuran a cruzar en las famosas “pangas”.

“Lo que ha pasado es que los polleros los engañan; les dicen que no va a ser difícil el viaje, les piden 7 mil, 8 mil dólares, y los dejan en medio del camino.

“Están muriendo más personas. Hay mucha desesperación y los polleros están tomando ventaja de los migrantes”, expresó Enrique Morones, dirigente de la organización Ángeles de la Frontera.

La Capitanía de Rescate de la Secretaría de Marina (Semar) alertó a principios de año sobre esta situación. De acuerdo con cifras de esta dependencia, cada mes se detectan 10 o 12 embarcaciones navegando frente a los puertos de Rosarito o Ensenada.

Las “pangas” son localizadas a más de 60 kilómetros dentro del mar y en ellas solamente van los migrantes, ya sin los polleros.

“Es una forma desesperada de cruzar la frontera, porque creen que está menos restringido”, explicó José Ubaldo Baños, capitán de la Unidad de Rescate de Semar en la Segunda Región Naval, de Ensenada.

“Es riesgo para los que no conocen de este mar, porque aquí es distinto al mar del sur, de donde viene la mayoría de los migrantes que cruzan por aquí. No conocen los peligros”, puntualizó.

Un cruce suicida

De acuerdo con testimonios recopilados por los integrantes del cuerpo de rescate de Semar, las travesías en “panga” se llevan a cabo, en su mayoría, durante la madrugada.Para realizar la travesía —con un costo de 5 a 8 mil dólares por persona—, los polleros del mar colocan a 20 migrantes (centroamericanos y mexicanos de Guerrero y Oaxaca) en embarcaciones con capacidad máxima de 10.

No llevan salvavidas ni señalizaciones para pedir auxilio en caso de emergencia, mucho menos alimentos o agua.

La embarcación, usualmente usada para pesca o paseo de turistas, se adentra más de 60 o 70 kilómetros en las aguas del Pacífico. Y ahí los dejan.

“El pollero llega, los embarca y cuando están en medio del mar llega un cómplice en otra embarcación y abandona a las personas. Los polleros ven solo por ellos, nunca por los migrantes”, dijo Baños.

Los migrantes permanecen unos cuatro días a la deriva en un mar donde la temperatura llega a descender hasta los 10 grados. El capitán de la Marina detalló que en estas condiciones bastan de 35 a 45 minutos para que una persona que caiga al agua sufra de hipotermia.

“Es un suicidio”, sentenció.

La organización Ángeles de la Frontera tiene reportes de migrantes desaparecidos en el mar, así como de otros que mueren ahogados, pero no cuenta con cifras precisas de esta situación.

Su dirigente, Enrique Morones, resaltó que la falta de vigilancia de las corporaciones locales permite que siga en pie este tipo de travesías.

“¿Cómo es posible que no se toman más acciones? Si saben que están saliendo esas lanchas, esos barquitos, no vemos un esfuerzo grande del gobierno de México para detener esto. Es algo muy triste, es una sentencia de muerte”, dijo.

Pese al riesgo, la ruta casi nunca es exitosa, aseguró el investigador del Colegio de la Frontera Norte, Guillermo Alonso Meneses.

“Para ser tan cara, debería ser más exitosa y no lo es. Hace unos años sí era redituable el viaje porque influía el factor sorpresa; las autoridades no pensaban que se diera este flujo, pero ahora la ruta se calentó”, señaló en entrevista.

“Lo están tratando de relanzar como vía, pero es complicado por la vigilancia de la Guardia Costera y la Marina”, añadió.

Popotla, el origen

Junto con Puerto Nuevo y Ensenada, el pueblo de pescadores de Popotla, en Rosarito, es uno de los puntos donde zarpan las “pangas” con migrantes. De día, es uno de los sitios turísticos más famosos de Baja California, pero de noche su cara cambia.

“(Los migrantes) llegan como a las tres de la mañana, los juntan a todos y se suben rápido a la panga”, afirmó una de las comerciantes del lugar, quien pidió guardar el anonimato por temor a represalias. “Sí funciona, porque te llevan directo con tu contacto en San Diego. Por eso sí hay viajes”.

Son pocos los que se atreven a hablar del tema en Popotla. Los comerciantes se limitan a decir que cada quien respeta el trabajo de los demás y que el tema de los migrantes ni siquiera existe aquí.

“Hay mucha seguridad y policías, aquí todo está bien”, dice uno de los pescadores. Pero los activistas promigrantes piden tener precauciones: “De noche ni vayas”.