AP
27 de noviembre de 2016 / 01:16 p.m.

LA HABANA.- Se preparaban para festejar un aniversario más de uno de los hechos osados de Fidel Castro que impulsaron el triunfo de su revolución: el desembarco del Granma.

Pero el domingo, en medio de un día por momentos soleado y con nubarrones, los cubanos acondicionaban la Plaza de la Revolución para rendirle un homenaje masivo en los próximos dos días a su máximo ídolo revolucionario, fallecido el viernes.

Desde pescadores artesanales del malecón habanero hasta taxistas y pequeños comerciantes, todos se alistan para acudir a despedir sus cenizas en medio de un evidente ambiente de recogimiento entre los isleños, que no escatimaban elogios al ícono de la revolución.

Castro falleció a los 90 años y Cuba se sumió en un profundo duelo. La Habana, famosa por el bullicio, la música y el gentío en la costa en los fines de semana permanecía el domingo en silencio.

Trabajadores colocaban vallas, cables y baños ambulantes en la plaza, donde no sonaba la música con la que se suele dar la bienvenida a los turistas que la visitan.

Los medios estatales informaron que todos los cubanos están llamados a la plaza para rendirle homenaje a Castro firmando "un juramento solemne de cumplimiento con el concepto de la revolución".

Ese juramento, que también podrán firmar los isleños en otros puntos del país, fue expuesto por Castro el primero de mayo del 2000 para comprometer a los cubanos a dar seguimiento a sus ideas y el socialismo, refirieron los medios.

Maritza Martínez,
una taxista de turismo de 50 años, dijo que asistiría a la plaza a poner su rúbrica. "Fidel era como nuestro padre y tenemos el compromiso de continuar sus ideales sociales", señaló la mujer a la AP.

Y pensar que la plaza se preparaba para festejar un hecho que alentó al triunfo de la revolución: El desembarco de 1956 en que Castro junto con un grupo de combatientes zarparon desde México rumbo a Cuba para luchar contra el régimen de Fulgencio Batista, el cual fue alertado poco antes y logró neutralizar a la embarcación antes de que atracara.

Salvo 12, los rebeldes fueron muertos o arrestados antes de que pudieran huir a la cercana Sierra Maestra, desde donde con Castro a la cabeza se incubó una guerra de guerrillas contra el régimen que se volvió imparable. Esta culminó el 8 de enero de 1959 con el ingreso de los rebeldes a La Habana en medio del júbilo masivo.

Luego de que culmine el homenaje en la plaza el martes, las cenizas de Castro emprenderán al día siguiente un viaje desde La Habana a Santiago de Cuba, recorriendo en sentido inverso la ruta que el barbado hizo en la revolución en 1959.

Su entierro será el 4 de diciembre en una ceremonia en el cementerio de Santiago, en el este del país, un lugar fundamental en la juventud de Castro y la revolución, informó el gobierno.

En medio de una isla compungida, muchos turistas aprovechaban el domingo para tomarse fotos de Castro expuestas a la entrada de un museo dedicado a la revolución en el centro histórico de la capital.

Castro no era partidario de monumentos, aunque en los últimos años y producto de la enfermedad que lo apartó gradualmente del poder comenzaron a verse más imágenes del comandante revolucionario en lugares públicos.

"Claramente es una persona histórica", comentó a la AP Xabier Arrona, ingeniero de 39 años y procedente del país vasco. "Entiendo que aquí la gente esté triste; (pero) es como la oportunidad de vivir un momento histórico".

Arrona, quien viajaba solo, tomaba fotos de los turistas que posaban junto a los retratos.