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27 de septiembre de 2015 / 09:19 a.m.

Filadelfia.- El Papa Francisco se reunió hoy con un grupo de víctimas de abusos sexuales contra menores de parte de clérigos en Estados Unidos y se comprometió que todos los responsables rendirán sus cuentas.

“Llevo grabado en mi corazón las historias, el sufrimiento y el dolor de los menores que fueron abusados sexualmente por sacerdotes”, dijo él mismo al inicio de un encuentro con cerca de 300 obispos de diversos países en el Seminario San Carlos Borromeo de esta ciudad.

“Continúa abrumándome la vergüenza de que personas que tenían a su cargo el tierno cuidado de esos pequeños les violaran y les causaran grandes daños. Lo lamento profundamente: Dios llora. Los crímenes y pecados de abusos sexuales a menores... no pueden ser mantenidos en secreto por más tiempo”, agregó.

Hablando en español, aseguró que se comprometerá a una “celosa vigilancia” de la Iglesia para proteger a los menores y prometió que todos los responsables rendirán cuentas.

Reconoció que los sobrevivientes de los abusos se han convertido en “verdaderos heraldos de esperanza” y “ministros de misericordia”.
Insistió que, con humildad, se debe reconocer que la Iglesia le debe a cada uno de ellos y sus familias la gratitud “para hacer brillar la luz de Cristo sobre el mal”.

“Y esto lo digo porque acabo de reunirme con un grupo de personas abusadas de niños que son ayudadas y acompañadas aquí en Filadelfia, con un especial cariño por el arzobispo Monseñor (Charles Chaput) y nos pareció que tenía que comunicarle esto a ustedes”, añadió.

Durante este viaje apostólico el Papa se refirió en dos ocasiones a la crisis de los abusos sexuales contra menores: primero con obispos del país en Washington y luego con sacerdotes, en la Catedral de San Patricio de Nueva York.

En ambas oportunidades, Francisco se refirió a la “valentía” de los obispos para atender este problema y se mostró solidario con el “dolor” de los sacerdotes por la vergüenza pública del escándalo.

Esto produjo diversas críticas, incluso dentro de la Iglesia, porque el pontífice no se refirió con profundidad y amplitud al dolor de las víctimas. Ahora lo hizo, al recibir a un grupo de ellas.