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13 de septiembre de 2015 / 10:36 a.m.

Ciudad del Vaticano.- Un grupo de 50 detenidos de la cárcel romana de Rebibbia pudo visitar este domingo, gracias a un tour especial por los Jardines del Vaticano, la Basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina.

Acompañados por el director del penal, Stefano Ricca, pudieron seguir la bendición dominical con el Angelus del Papa Francisco desde la histórica capilla, donde tienen lugar los cónclaves y las elecciones de los pontífices.

“Son aquellas emociones que permanecerán en nuestro corazón y en nuestra mente por largo tiempo. Para los detenidos esto asume un valor particular: en lugar de transcurrir la mañana dentro del instituto penitenciario pudieron participar en una visita exclusiva”, dijo Ricca a la Radio Vaticano.

El grupo tuvo un guía de lujo, el mismo director de los Museos papales Antonio Paolucci. “El recorrido ofrecido este domingo, día en que normalmente los museos están cerrados, conmovió a los detenidos”, añadió el responsable del penal.

Cármine, uno de los encarcelados, confesó que la recepción fue “bellísima”, algo a lo cual un detenido difícilmente podría aspirar.

“Hoy fuimos tratados igual que una personalidad importante. Esta es una excepción para todos nosotros, lo estábamos comentando, fue algo indescriptible!”, ponderó.

Por otra parte, al mediodía de este domingo, el Papa dirigió su bendición con el Angelus asomado a la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano y ante más de 20 mil personas congregadas en la Plaza de San Pedro.

Al saludar a una delegación de profesores precarios de Cerdeña, pidió que los problemas del mundo del trabajo “sean considerados teniendo en cuenta concretamente a la familia y a sus exigencias”.

Además estableció que ser cristiano implica “tomar la cruz de Jesús para acompañarlo en su camino”, que es incómodo y no es el del éxito o de la gloria terrena, pero que conduce a la verdadera libertad que libra del egoísmo y del pecado.

“Se trata de llevar a cabo un rechazo de esa mentalidad humana que pone el propio ‘yo’ y los propios intereses al centro de la existencia. Eh, no... eso no es lo que Jesús quiere de nosotros. Por el contrario, Jesús nos invita a perder nuestra vida por Cristo y el evangelio, para recibirla renovada y auténtica”, apuntó.