5 de junio de 2013 / 04:32 p.m.

México • Siendo francos, la historia reciente ha hecho que los dos países sean rivales, porque nadie se va a engañar con eso de que son amigos. Nada más hay que echarle un vistazo a la balanza comercial y el enorme déficit que carga México en su relación con China. En parte, a uno le tocó ascender a cuestas del otro. Pero ayer, durante el arranque de la visita de Estado de dos días del presidente Xi Jinping, las cúpulas de los gobiernos mexicano y chino —impulsados por un nada desinteresado y totalmente pragmático sentido de negocios—, le dieron la vuelta a la hoja con muchos, muchos dólares de por medio.

“"Excelentísimo presidente Xi Jinping"”, dijo Enrique Peña Nieto, en Campo Marte. “"Excelentísimo presidente de los Estados Unidos Mexicanos"”, respondió el chino, atento al protocolo. Y se fueron a pasar revista a las tropas, como se hace con otros mandatarios extranjeros. Pero al final del día, luego de que se anunciara que ahora los dos países son socios en infraestructura, energía, comercio, empresas emergentes y que hasta la UNAM tendrá una oficina en Pekín, quedará claro que la visita sí tenía sustancia. Y que se estaban diciendo otra cosa. Algo así como: Ni shi wo zui hao de peng you. O su equivalente mexicano: ahora tú sí eres mi carnal.

Sí, en la década pasada China se llevó cientos de miles de empleos del norte de México. Y sí, su ex presidente, Jiang Zemin, vino en los 70 a copiar íntegro el modelo de maquiladora, cuando vivió entre Tijuana y Ciudad Juárez especialmente comisionado para ello (su español es tan norteño como el cabrito y solía saludar diciendo “"¡Quiubo!"”). Y sí, los chinos han inundado el mercado mexicano con sus productos al grado de que la leyenda Made in China ha sido el equivalente a una sentencia de muerte para industrias como la del vestido, el zapato y el juguete. Y sí, México se opuso por años a la entrada de Pekín a la Organización Mundial de Comercio, costándole miles de millones de dólares. Y sí, Felipe Calderón se reunió con el Dalái Lama, metiéndose al tema del Tíbet. Y sí, en derechos humanos ambos países están en las antípodas. Y sí.

Pero China ayer se decidió a borrar todo eso de la mejor forma que sabe y como lo ha hecho por todo el mundo, desde Asia hasta África, para desazón de Estados Unidos. Con mucha lana. “"Se dispondrá de una línea de crédito por mil millones de dólares"”, anunciaron los dos países, al término del primer día de trabajo de sus respectivas delegaciones. Es un crédito blando del Export-Import Bank chino para que Pemex se vaya de shopping y compre todos los barcos y ductos y fierros que le alcancen.

Si a eso se corona la sorpresa de que el gobierno chino dijo por fin estar dispuesto a abrir su mercado —el más grande del planeta— a todas las marcas y variedades de tequila, además de la carne de cerdo, ¿pus qué amistad no es posible?

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Al final del día el mensaje de los presidentes fue directo. “"El objetivo de mi visita consiste en profundizar la confianza mutua. Me asiste la convicción de que, con los esfuerzos aunados de ambas partes, las relaciones entre China y México entrarán en una flamante fase de desarrollo"”, dijo Jinping.

“Para México, China es una promesa de una nueve fuente externa de crecimiento”, repuso peña Nieto. “Es la oportunidad de llevar productos y el talento mexicano al otro lado del mundo”. Pero la frase que sintetizó el momento fue otra: “Dejaremos atrás el paradigma de competencia entre nuestros países”.

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Podría sorprender. Lucero como embajadora. Como la imagen oficial del relanzamiento de las relaciones chino-mexicanas. Como el colofón al día en el que México y China anunciaron el lanzamiento de una alianza estratégica del más alto nivel. Pero eso es lo que hizo ayer la Presidencia para coronar el primer día de visita de Estado del presidente chino a territorio mexicano.

“"Y con ustedes, Lucero. ¡La reina de la canción mexicana!"”, anunció una voz en la red de circuito cerrado presidencial, cuando se transmitían los pormenores de la cena ofrecida por Enrique Peña Nieto a la delegación china en Palacio Nacional. Era un anuncio que no estaba previsto para ser escuchado afuera del recinto, en donde minutos antes los presidentes mexicano y chino habían ofrecido sendos discursos sobre el futuro de las relaciones entre la economía número dos y la 14 del planeta.

Un técnico cortó de inmediato la transmisión, antes de que la intérprete pudiera ser escuchada.

CRÓNICA POR VÍCTOR HUGO MICHEL