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19 de marzo de 2016 / 08:53 a.m.

Monterrey.- Otto Frederick Warmbier llegó a La República Popular Democrática de Corea el 29 de diciembre de 2015, sin saber que algunos meses después, estaría confesando un delito que lo condenaría a 15 años de trabajos forzados.

El joven estadunidense, de 21 años y originario de Ohio, Virginia, confesó frente a un juzgado de Corea del Norte haber robado un letrero con un slogan político, localizado en el área restringida sólo para empleados del hotel en el que se hospedaba, en el país asiático.

El gobierno de Corea del Norte difundió las imágenes de su audiencia, en la que Warmbier relata las razones por las que cometió el delito. Con lágrimas en los ojos, el estudiante de finanzas suplicó al gobierno norcoreano su perdón.

El hermetismo con que se vive en Corea del Norte, no permite discernir si las confesiones de Warmbier son la realidad, o si son parte del discurso que el país comunista le ordenó dar.

En su “confesión”, Otto Frederick Warmbier relata que cometió el delito por orden de una iglesia protestante de Ohio, cuyos miembros, conscientes de que él y su familia tenían problemas de dinero, y de que estaba próximo a visitar Corea del Norte, le ofrecieron un automóvil usado a cambio de que robara el slogan.

Otto relató, ante una sala llena de personas que lo escuchaban atentamente, cómo en primera instancia dudó en llevar a cabo la misión, pero que la iglesia terminó convenciéndolo con una jugosa promesa: en caso de ser arrestado, la iglesia pagaría por la colegiatura de sus dos hermanos; le enseñaron incluso una cuenta bancaria con 42 millones de dólares, prueba fehaciente de que podían cubrir dichos gastos.

Durante su relato, describe de manera detallada, a petición de sus juzgadores, una sociedad secreta llamada “The Z Society”, o la Sociedad Z, una organización que forma parte de la Universidad de Virginia, y de la que, según las declaraciones de Otto, han sido parte personalidades poderosas y prominentes en la historia de Estados Unidos, como el presidente Woodrow Wilson.

Fue el 29 de enero cuando llegó a Corea del Norte, y el primero de enero cuando finalmente robó el letrero, que de acuerdo a las palabras mismas de Otto, “inspiraban el amor del pueblo norcoreano por el sistema”.

El 02 de enero, Otto fue arrestado y acusado de crímenes contra la nación. Confesó que la iglesia que le encomendó la tarea quería “dañar la imagen, la motivación y el trabajo del pueblo norcoreano”.
En su discurso, el estudiante cuenta cómo fue su vida creciendo en los Estados Unidos.

“Fui enseñado que La República Democrática de Corea, es una nación misteriosa, aislada y comunista, por el sistema de educación y los medios masivos”, dice Otto, usando palabras que parecen no salir directamente de su inspiración.

El gobierno de Corea del Norte, ha difundido videos que muestran la audiencia completa, además de otro que capta el momento en que Otto comete el supuesto delito.

El gobierno estadunidense no mantiene relaciones diplomáticas con Corea del Norte, y el destino de Otto queda en manos de la embajada sueca en el país asiático, que representa a Estados Unidos de manera limitada.

“Entiendo la severidad de mi crimen, y no tengo idea del tipo de condena que tendré que enfrentar, pero suplico al pueblo y al gobierno norcoreano que me perdonen, y rezo a los cielos para poder regresar pronto a mi casa con mi familia”, dijo Otto, antes de que se supiera la condena de 15 años forzados.

El joven terminó su audiencia llorando y suplicando el perdón, por el que llamó “el error más grande de su vida”.

Por años, los mitos acerca de las condenas que dicta Corea del Norte han abundado. Por el hermetismo de la nación asiática, no se tienen registros reales de las descripciones, pero sí hay testimonios directos de prisioneros norcoreanos que han logrado escapar, luego de pasar tiempo en los campos.

“Hasta los niños trabajan transportando ladrillos o, desde los 13 años, bajando a la mina y acarreando cestos con 25 kilos de carbón», explicó en una entrevista para ABC Kim Hye-sook, quien nació en 1962 y se pasó desde los 12 años hasta los 40 recluida en el campo número 18 de Bukchang, en la provincia de Pyongan Sur.

El futuro de Otto Frederick es indudablemente incierto, y sólo el tiempo dirá si cumple la sentencia de 15 años o regresa a Ohio con su familia.